Comunidades chiquitanas se unen para defender el agua frente al avance del agroextractivismo
La defensa del agua se convirtió en la causa común que reunió a representantes de comunidades indígenas de la Chiquitanía durante el Encuentro de Comunidades afectadas por el agroextractivismo en la Chiquitanía realizado el 23 y 24 de octubre en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. Frente a la expansión de la frontera agrícola, la deforestación, los incendios forestales y las fumigaciones con agroquímicos, las organizaciones decidieron fortalecer su articulación para proteger sus fuentes de agua, sus territorios y sus medios de vida. “Entre todas y todos estamos haciendo alianza para la unidad y por la misma causa que es el tema del agua”, afirmó Rosa Pachuri, representante de la Organización Regional de Mujeres Indígenas Chiquitanas (ORMICH). Destacó que las demandas se plantearán conjuntamente desde toda la región porque las comunidades se están uniendo para defender sus fuentes de agua: “Sabemos que sin agua no hay vida”. Los testimonios compartidos durante las jornadas mostraron cómo la expansión agroindustrial está transformando los territorios. Luis Fernando Moreno, representante de la Central de Comunidades Indígenas de Chiquitos Turubó (CCICH-T), describió la presión sobre las comunidades de San José de Chiquitos: “Estamos quedando como pequeñas islas dentro de un gran territorio que está siendo devastado”. También advirtió sobre períodos de calor más prolongados y una disminución de las lluvias. En San Ignacio de Velasco, las afectaciones llegan directamente a la producción de alimentos. Ignacia Yovio, representante de Control Social, denunció que las fumigaciones con agroquímicos realizadas desde drones y avionetas en grandes propiedades agrícolas perjudican los cultivos de las comunidades vecinas. A ello se suma la pérdida de bosques, que desplaza a animales silvestres hacia las parcelas comunitarias, donde consumen parte de las cosechas. La problemática trasciende la Chiquitanía. Clara Masai, representante de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia (CNAMIB), advirtió que la expansión agrícola, las fumigaciones y los incendios también afectan a las comunidades indígenas de la Amazonía y el Chaco, comprometiendo su biodiversidad y sus sistemas de producción ancestral. La pérdida de bosques también amenaza el agua subterránea Durante el Encuentro, Mónica Guzmán, investigadora del impacto de los incendios forestales en la recarga de acuíferos, explicó que siete años de recolección y procesamiento de datos, especialmente en San José de Chiquitos, permiten estudiar cómo la deforestación y los incendios afectan los sistemas hídricos subterráneos y la seguridad hídrica de las comunidades. “El agua es la infraestructura invisible que permite hacer todas las otras actividades que tenemos, incluso subsistir”, señaló. Advirtió que los acuíferos sostienen la vida y pueden sufrir daños sin que estos sean detectados oportunamente. Un caso emblemático es el del río San Lorenzo, en San José de Chiquitos, donde 338 familias indígenas de cinco comunidades de la TCO Turubó Este luchan por recuperar el curso natural de su río, alterado por represas construidas en sus nacientes para actividades ganaderas. Aunque obtuvieron una sentencia agroambiental favorable en noviembre de 2025, su ejecución continúa pendiente debido a recursos judiciales. Una agenda común para defender los territorios El Encuentro, convocado por ORMICH, ACISARV y CCICH-Turubó, permitió intercambiar experiencias y plantear acciones conjuntas para proteger las fuentes de agua, identificar áreas de recarga hídrica, fortalecer el monitoreo ambiental comunitario y exigir el cumplimiento de las normas ambientales. Eulogio Pachuri, dirigente indígena de San Rafael de Velasco, destacó la importancia de que las comunidades hagan escuchar sus denuncias “no solamente a las autoridades nacionales sino que a nivel internacional”. Según su estimación, participaron más de 200 representantes de diferentes comunidades. Al finalizar las jornadas, las organizaciones aprobaron un Voto Resolutivo que declara sus territorios libres de extractivismo agroindustrial y minero y exige detener nuevas dotaciones de tierras, autorizaciones de desmontes y actividades extractivas que amenacen sus derechos. También demandaron la protección de las cuencas y fuentes de agua, medidas frente a los incendios forestales, respuestas de las autoridades y justicia oportuna para las comunidades que defienden sus territorios. La decisión de articularse regionalmente marca un paso importante para las organizaciones indígenas chiquitanas: transformar las denuncias dispersas en una voz colectiva para defender el agua, los bosques y las condiciones que sostienen su alimentación, su cultura y su futuro.









