Opiniones

Opinión: “INVERTIR SIN OBEDECER CONSIGNAS” por José Luis Porcel

Porcel defiende que los diputados deben pensar en las necesidades del país y no solo seguir consignas partidarias. También pide reglas claras para atraer inversiones y generar empleo. José Luis Porcel, diputado de Alianza Libre, plantea que el debate sobre inversiones y decisiones legislativas debe superar la lógica de las consignas partidarias y concentrarse en resultados concretos para las regiones y el país. Las siguientes consideraciones fueron extraídas de su entrevista en el programa Fuego Cruzado de RTP, donde cuestionó la disciplina automática de las bancadas, la concentración de decisiones y la urgencia de generar empleo. Hay una idea que atraviesa las declaraciones de José Luis Porcel y que merece ser tomada en serio: un parlamentario no debería reducir su función a levantar la mano según una instrucción partidaria. Porcel sostuvo que los asambleístas fueron elegidos para responder ante la población y puso como ejemplo la aprobación del Presupuesto General del Estado Reformulado, pese a que la consigna de su bancada era rechazarlo. Desde su perspectiva, votar favorablemente permitió que parte de los recursos llegara a gobernaciones, municipios y universidades. Más allá de compartir o no su interpretación, el planteamiento abre una discusión necesaria sobre la representación política. ¿Qué debe pesar más: la disciplina partidaria o las necesidades de una región? La política democrática exige pertenencias, pero también criterio. Cuando una bancada convierte cada votación en una prueba de obediencia, el debate legislativo corre el riesgo de transformarse en un trámite. Y cuando un parlamentario justifica su voto únicamente por intereses regionales, también surgen preguntas sobre la responsabilidad nacional. La dificultad está precisamente en equilibrar ambas obligaciones. En torno al proyecto de ley de inversiones, Porcel advierte otro problema: la concentración de atribuciones en el Ministerio de Economía y en una futura Agencia Nacional de Inversiones. Su preocupación no es necesariamente la búsqueda de capital privado o extranjero, sino que demasiadas decisiones puedan quedar subordinadas a una estructura excesivamente centralizada. La observación es pertinente porque atraer inversión no consiste únicamente en ofrecer incentivos o aprobar normas. También implica construir instituciones capaces de garantizar reglas previsibles, controles, transparencia y continuidad de las políticas públicas. Porcel cuestiona, además, la desaparición del Ministerio de Planificación y considera que esa función no debería quedar absorbida por Economía. Aquí aparece una pregunta de fondo: ¿queremos una institucionalidad diseñada para facilitar inversiones o una estructura burocrática que concentre decisiones bajo un solo centro de poder? La diferencia no es menor. Una agencia eficiente puede convertirse en una herramienta de desarrollo; una agencia sobredimensionada puede terminar reproduciendo los mismos problemas que pretende resolver. La inversión necesita velocidad, pero también contrapesos y certezas. Hay otro aspecto de sus declaraciones que trasciende el proyecto de ley: la necesidad de cambiar determinadas prácticas que, según Porcel, impiden que Bolivia sea realmente un país atractivo para invertir. Su crítica apunta a la disciplina, la puntualidad, la transparencia, la eficiencia y la capacidad institucional. Puede parecer un argumento sencillo, incluso incómodo, pero tiene una lógica difícil de ignorar. Ningún marco legal puede compensar completamente una administración pública lenta, procedimientos imprevisibles o instituciones que no generarían confianza. El capital, nacional o extranjero, busca rentabilidad, pero también seguridad jurídica y capacidad de ejecución. Porcel recordó, en ese sentido, que las tareas de la empresa privada se realizan con sentido de urgencia y sostuvo que el país necesita adoptar una cultura de responsabilidad. Sin embargo, esa exigencia no puede convertirse en una excusa para trasladar todas las responsabilidades al ciudadano o al funcionario. Señaló que la disciplina institucional debe comenzar por las autoridades, pero también requiere reglas claras, controles efectivos y una administración profesionalizada. Atraer inversiones demanda, en definitiva, modificar comportamientos y no solamente aprobar leyes. Quizá el punto más fuerte de la entrevista sea la urgencia que Porcel coloca detrás de todo este debate: Bolivia necesita empleo. Su advertencia sobre jóvenes y familias que buscan oportunidades fuera de sus ciudades, e incluso fuera del país, conecta la discusión jurídica con una realidad económica concreta. Mientras la política se concentra en si una norma debe aprobarse tal como fue presentada o rechazarse por completo, miles de personas esperan respuestas más inmediatas. Porcel cuestiona esa lógica binaria y propone leer, debatir, modificar y consensuar. Esa debería ser una premisa básica del Legislativo: ninguna ley es perfecta por definición, pero tampoco todo proyecto debe ser rechazado antes de ser estudiado. El país necesita inversión, sí, pero necesita una inversión que genere producción, empleo y oportunidades, con controles suficientes para proteger el interés público. El verdadero desafío, entonces, no es escoger entre Constitución o inversión, entre Estado o empresa privada. Es construir reglas que permitan avanzar sin renunciar a la institucionalidad. Porque una economía en crisis no puede darse el lujo de convertir cada reforma en otra batalla de consignas. Redactado por Annett Soliz Rivero Vea la entrevista completa en:

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‎¿Burbuja financiera alrededor de la IA?

Jaime Dunn sostuvo en RTP Mundo que la comparación entre la actual ola de inversiones en inteligencia artificial y episodios como la crisis de 1929 o la burbuja de las empresas punto.com debe considerar quiénes son los principales actores del mercado. Explicó que durante esos periodos existían compañías nuevas, con pocos ingresos o incluso sin rentabilidad, mientras que actualmente las grandes inversiones en IA están lideradas por empresas gigantescas como Amazon, Microsoft, Google Alphabet y Meta, que ya generan ingresos y utilidades. Para Dunn, esta diferencia reduce parte del riesgo, porque no se trata de empresas que esperan generar ganancias algún día, sino de corporaciones que ya tienen negocios consolidados. Sin embargo, advirtió que la verdadera pregunta es si los ingresos actuales serán suficientes para respaldar las enormes inversiones que están realizando en infraestructura, chips, servidores y centros de datos. En ese punto, consideró que comienza a aparecer el riesgo de una posible burbuja financiera. Dunn explicó que la inteligencia artificial constituye una revolución tecnológica real y que la demanda relacionada con esta tecnología también es real, por lo que no considera que exista una burbuja tecnológica propiamente dicha. El riesgo, según su análisis, aparece alrededor de esa revolución cuando las inversiones comienzan a sobredimensionarse mediante deuda, expectativas excesivas y valoraciones alejadas de los fundamentos empresariales. El economista destacó que durante 2026 las principales compañías tecnológicas podrían destinar conjuntamente alrededor de 745 mil millones de dólares, e incluso acercarse a los 800 mil millones, en chips, servidores y centros de datos. Para dimensionar el volumen, señaló que esa inversión supera lo destinado por Estados Unidos a la misión Apolo para llegar a la Luna. Dunn remarcó que el problema no es la existencia de la tecnología ni de un mercado para ella, sino determinar si los resultados económicos serán capaces de justificar semejante magnitud de capital comprometido. La preocupación, afirmó, surge cuando las expectativas comienzan a adelantarse demasiado a los resultados. El analista explicó que una burbuja financiera aparece cuando se rompe la relación entre la rentabilidad de una empresa y el rendimiento esperado de sus acciones. Señaló que una compañía puede generar utilidades, pero sus acciones pueden crecer mucho más rápidamente, impulsadas por expectativas futuras que todavía no están respaldadas por resultados concretos. Como ejemplo mencionó a Meta, empresa que registra elevados ingresos, pero que también realiza inversiones extraordinariamente grandes en infraestructura y desarrollo tecnológico. Dunn explicó que, aunque la compañía mantiene una rentabilidad importante, el volumen de recursos destinados a nuevas inversiones genera interrogantes sobre la capacidad de recuperar ese capital. En su interpretación, la diferencia entre la rentabilidad del activo y la valorización financiera es precisamente donde puede comenzar a formarse una burbuja. Comparó este fenómeno con los episodios históricos en los que los inversionistas se endeudaban para comprar acciones porque esperaban que su valor continuara aumentando. Cuando las expectativas se separan demasiado de los resultados reales, advirtió, el ajuste posterior puede ser inevitable. Finalmente, Dunn advirtió que el riesgo puede ser todavía mayor en aquellas empresas que están recibiendo inversiones basadas en expectativas sobre lo que podría ocurrir con la inteligencia artificial dentro de cinco, seis o siete años. Utilizó la imagen de las “vacas” para explicar que algunas compañías tecnológicas actuales ya generan ingresos, pero que también existen proyectos que representan apuestas sobre tecnologías o negocios que todavía no existen plenamente y que esperan ser rentables en el futuro. A su juicio, este segundo grupo es donde puede comenzar a desarrollarse una burbuja más peligrosa, porque los inversionistas colocan dinero hoy sobre expectativas de resultados todavía inciertos. Dunn insistió en que la inteligencia artificial es una transformación tecnológica concreta, pero señaló que eso no significa que cualquier valoración o inversión relacionada con ella esté justificada. El desafío estará en determinar cuánto de las actuales expectativas podrá convertirse realmente en ingresos y utilidades. Cuando esa distancia se amplía demasiado, sostuvo, aumenta considerablemente el riesgo financiero. Vea la entrevista completa en: https://www.youtube.com/watch?v=fURtPEGvv7k Por Annette Soliz Rivero

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Confianza en caída

Los números comienzan a reflejar el desgaste del Gobierno de Rodrigo Paz. Durante su participación en Fuego Cruzado de RTP, el periodista y analista político, Edwin Cacho Herrera, señaló que existe un proceso de “desilusión” y “desencantamiento” ciudadano, expresado en una aprobación de 32% frente a un 55% de desaprobación para el Presidente, cifras que contrastan con el respaldo superior al 60% registrado al inicio de su mandato. A su juicio, la población percibe que no se están resolviendo problemas esenciales como el abastecimiento de combustibles y la estabilización de precios. Herrera sostuvo que, tras los 53 días de bloqueo, el Gobierno recibió un segundo impulso de confianza, pero este comenzó a erosionarse con la falta de combustible, el incremento de precios y los conflictos internos. Para el periodista, la administración transmite una sensación de estancamiento que ha deteriorado progresivamente la confianza ciudadana. Sebastián Herrera coincidió en que la confianza es uno de los principales factores detrás de la caída de la aprobación gubernamental. Recordó que la población aceptó el levantamiento parcial de la subvención a los hidrocarburos como un acto de confianza hacia el Gobierno, pese al impacto que implicaba. Sin embargo, consideró que esa confianza fue “dinamitada” por la controversia de la gasolina “basura”, las diferentes versiones sobre el problema y la falta de una explicación definitiva. Para el periodista, varios de estos episodios constituyen “errores no forzados”, porque pudieron evitarse mediante mayor transparencia, control y capacidad de respuesta estatal. También cuestionó la reducción del aparato público y, particularmente, la desaparición del Ministerio de Cultura y la transformación del turismo en una agencia, decisiones que, según explicó, generaron molestia entre artistas y otros sectores. A ello sumó los retrasos en leyes, la distancia con antiguos aliados y un Gobierno que, en su opinión, anuncia más de lo que ejecuta. En el ámbito económico, ambos periodistas identificaron algunos elementos que podrían contribuir a mejorar parcialmente el escenario, aunque advirtieron que todavía persisten problemas importantes. Cacho Herrera mencionó el desembolso del Fondo Monetario Internacional, la reducción del valor del dólar y el superávit comercial como señales que podrían generar cierto alivio. Sebastián Herrera, por su parte, consideró como dos de los principales aciertos de la gestión el sinceramiento parcial de los hidrocarburos y del precio del dólar, especialmente por su importancia para el sector exportador. No obstante, ambos observaron que estos avances conviven con una creciente sensación de inseguridad. Cacho Herrera alertó sobre los casos de sicariato registrados en Santa Cruz y cuestionó la falta de una respuesta contundente del Estado, mientras Sebastián sostuvo que la situación de seguridad constituye uno de los principales desaciertos políticos de estos primeros nueve meses. Para ambos, la crisis económica ya no puede analizarse separada de la crisis institucional y de seguridad. Sebastián Herrera también abordó el acercamiento de Bolivia con Estados Unidos como una decisión vinculada a un cambio de eje geopolítico, después de años de mayor cercanía con Rusia, China e Irán. A su criterio, este giro debe evaluarse por sus resultados concretos y no únicamente desde una perspectiva ideológica. En paralelo, la conversación entre ambos periodistas destacó la importancia de fortalecer espacios donde las noticias sean acompañadas por análisis y debate. Cacho Herrera sostuvo que recuperar la confianza ciudadana será difícil y que el Gobierno deberá trabajar desde ahora para intentar revertir la tendencia, porque no existe una solución inmediata ni una “varita mágica”. Sebastián coincidió en la necesidad de decisiones concretas y transparencia. Ambos defendieron, además, un periodismo que no se limite a informar, sino que permita interpretar la coyuntura y escuchar diferentes posiciones. La entrevista cerró con un reconocimiento mutuo al trabajo periodístico y al valor de estos espacios de discusión pública. Vea la entrevista completa en: https://www.youtube.com/watch?v=AZ7IDnOSuiw Por Annette Soliz Rivero

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Declaraciones de un comandante en el contexto de un Estado dual

Por Waldo Albarracín Sánchez Ernst Fraenkel, jurista y analista político alemán de origen judío, estudioso de la Teoría del Derecho, en su obra “Estado dual: Contribución a la teoría de la dictadura”, interpeló al régimen de la Alemania nazi de Adolf Hitler, motivo por el que fue perseguido políticamente y tuvo que salir de su país. El citado personaje describe un modelo en el que el funcionamiento de un Estado se divide, por un lado, en un Estado de Normas (Normenstaat), que opera según sus regulaciones jurídicas definidas y, un Estado de medidas (Masshah menstaat), se refiere un sistema político de arbitrariedad y violencia ilimitadas cuya actuación no se ve restringida por ninguna clase de garantías constitucionales. De acuerdo a lo afirmado por muchos exponentes de la Teoría del Derecho, el Estado Dual que tuvo su ejemplo emblemático en todo lo acontecido durante el desarrollo de la segunda guerra mundial y el comportamiento de un régimen que demostró un ostensible desprecio por la vida de los que no pertenecían a la raza considerada por ellos superior, esa doble identidad de un Estado que se traducía en un doble comportamiento, es el testimonio contundente de la hipocresía de muchos gobernantes, así como de quienes integran los otros poderes del Estado, para asumir decisiones muchas veces contrarias al ordenamiento jurídico de un país, atentatorias a los derechos más elementales de las personas. Quiero decir que, el Estado Dual descrito con claridad por Ernst Fraenkel para identificar a la Alemania del siglo XX, específicamente entre 1935 y 1945, se trasladó a otros continentes donde la vigencia simultánea entre el Estado de Derecho, como modelo y forma de convivencia colectiva idónea y el Estado hipócrita que discursivamente defiende la validez del sistema democrático y de una constitución política, pero que en la realidad fáctica promueve una dinámica exactamente contraria, subordinada a la conveniencia política, es el  que se impone. En  el caso de la realidad boliviana, después de las dictaduras militares y el retorno de los gobiernos constituidos en base a elecciones, los esfuerzos fueron muy mezquinos para consolidar ese Estado de Derecho que viabilice la evolución democrática, por el contrario, durante los regímenes de Evo Morales y Luís Arce, se fortaleció la vigencia del Estado Dual, con una constitución emanada de la confrontación política, ratificada en un referéndum que si bien le otorgó legitimidad, pero que en la práctica fue sistemáticamente violada por el propio gobierno, en diferentes circunstancias, un ejemplo emblemático, la postulación inconstitucional reiterada de Morales a la Presidencia, coronada con un grosero fraude electoral, así como las consecutivas violaciones a los derechos humanos y la ausencia de independencia de poderes. En el contexto de la vigencia plena de ese Estado Dual, donde la violación a la norma jurídica se convirtió en una decisión discrecional de las autoridades gubernamentales, legislativas, judiciales, fiscales, policiales, entre otras, acontece estos días la declaración del Comandante de la Policía Boliviana en una entrevista periodística, afirmando enfáticamente que, la detención de Evo Morales no es una prioridad, ergo no está en sus planes. Esta afirmación pone en evidencia que, en Bolivia, si bien existe un ordenamiento jurídico, subordinado a la Constitución Política del Estado, en la realidad fáctica, cualquier autoridad pública tiene el libre albedrío de desobedecer a la ley, sin que por ello sea accionado penalmente. Alguien tendría que hacerle saber al Gral. Mirko Sokol Saravia, que los mandamientos de aprehensión emitidos por autoridad competente, sea fiscal o judicial, se ejecutan sin excusa alguna, la autoridad policial de marras, no tiene atribuciones ni competencia para observar una orden de esta naturaleza, ni dar juicios de valor sobre ese mandamiento, sólo debe viabilizar su estricto cumplimiento. Pero, para profundizar el análisis de los hechos, considero que la actitud y afirmación del comandante, no obedece a un pensamiento aislado, sino que se materializa en un contexto donde las decisiones discrecionales, ilegales y anticonstitucionales de las autoridades, se hizo una costumbre porque como emanan del poder, no serán susceptibles de ser sancionadas penalmente, se materializan precisamente en el escenario de impunidad concertada, confirmando la existencia del Estado Dual, aquel que está diseñado jurídicamente, pero que no se cumple y el otro el que se practica cotidianamente y muestra su existencia real, donde manda el interés político y/o económico, con una justicia podrida, gobernantes  corruptos, policías que no te cuidan sino que tienes que cuidarte de ellos y políticos pragmáticos, sin principios ni referentes éticos. Frente a todo ello, en este país macondiano, no debemos aceptar lo habitual como una cosa natural, pues en tiempos de confusión organizada, de arbitrariedad consciente, de corrupción institucionalizada, nada debe ser natural, ni imposible de cambiar.  Tiene la palabra el gobierno respecto al exabrupto de la máxima autoridad policial, no es suficiente un comunicado público pilatuno,  donde no se dice qué decisiones se asumirán y cual el motivo por el que el ex gobernante sub júdice, siga refregándonos en la cara su impunidad negociada. Prueba clara de que, si bien no está en el Gobierno, pero sigue en el poder. Waldo Albarracín es abogado

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Ruptura política profundiza crisis institucional

La ruptura entre el gobierno de Rodrigo Paz Pereira y Samuel Doria Medina marcó un nuevo punto de inflexión en un escenario político que, según coincidieron Natalia Aparicio y Guido Alejo en Fuego Cruzado de RTP, ya arrastraba profundas fracturas estructurales. Ambos analistas sostienen que el alejamiento de uno de los principales aliados del Ejecutivo no constituye un hecho aislado, sino la consecuencia de una crisis política acumulada que también involucra al sistema de partidos y a la economía. Sin embargo, difieren en la explicación del trasfondo. Aparicio pone el foco en las denuncias éticas y las sospechas de corrupción que motivaron el distanciamiento, cuestionando por qué, si existen irregularidades, estas no son formalmente denunciadas. Alejo, en cambio, interpreta el rompimiento principalmente como el resultado de disputas por espacios de poder y de la progresiva exclusión de los sectores que inicialmente respaldaron al gobierno. Ambos concluyen que la pérdida de aliados reduce la gobernabilidad y abre un escenario de mayor incertidumbre política. Mientras Natalia Aparicio advierte sobre la posibilidad de negociaciones individuales entre legisladores e incluso menciona versiones acerca de presuntos ofrecimientos económicos para influir en decisiones parlamentarias, Guido Alejo amplía el análisis hacia la recomposición de alianzas del Ejecutivo con nuevos grupos de poder. La politóloga considera que esta dinámica profundiza el deterioro del sistema de partidos y vuelve más complejas las negociaciones para aprobar créditos internacionales considerados estratégicos para enfrentar la crisis económica. Alejo coincide en la gravedad del momento legislativo, pero sostiene que las decisiones del gobierno parecen orientarse hacia sectores específicos, como el agronegocio oriental y algunos grupos cooperativistas mineros, lo que podría definir el rumbo de futuras políticas públicas. Ambos coinciden en que las determinaciones que adopte la Asamblea Legislativa serán decisivas para el país, aunque Aparicio enfatiza la transparencia del proceso y Alejo prioriza el impacto social que tendrán esas decisiones sobre la población más afectada por la crisis. La corrupción constituye otro punto de coincidencia entre ambos analistas, aunque cada uno la aborda desde una perspectiva distinta. Aparicio sostiene que existiría una continuidad de las estructuras de corrupción heredadas de gestiones anteriores y lamenta que el nuevo gobierno no haya producido el cambio prometido. Además, cuestiona la escasa preparación técnica de varios legisladores para ejercer adecuadamente su labor fiscalizadora, situación que considera alarmante en un contexto de creciente tensión institucional. Alejo comparte la preocupación, pero centra su análisis en la naturalización social de la corrupción y en la forma en que prácticas patrimonialistas continúan reproduciéndose dentro del Estado. También interpreta que el discurso anticorrupción de Samuel Doria Medina combina una preocupación ética con un cálculo político frente al deterioro del gobierno. Ambos coinciden en que la lucha contra la corrupción sigue siendo una de las principales demandas ciudadanas, aunque difieren respecto al origen y a las motivaciones que impulsan este debate. En la parte final del análisis, Natalia Aparicio y Guido Alejo vuelven a coincidir en que el país enfrenta un escenario de elevada incertidumbre, aunque identifican riesgos distintos. Aparicio sostiene que el alejamiento entre el gobierno y Samuel Doria Medina comenzó meses atrás con la exclusión de algunos aliados de reuniones estratégicas, lo que evidenciaría una creciente concentración de decisiones y una preocupante falta de transparencia. Asimismo, cuestiona la ausencia de un programa claro para enfrentar la crisis económica, energética y minera, además del retraso en la presentación de reformas legislativas prometidas. Alejo comparte la percepción de que el Ejecutivo carece de una orientación definida y advierte que el verdadero desafío será responder al creciente malestar económico que afecta a la población. Ambos concluyen que Bolivia atraviesa una etapa decisiva, donde las respuestas políticas deberán ser rápidas y consistentes para evitar que la crisis institucional derive en un conflicto aún mayor. Por Annett Soliz Rivero

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Crisis permanente

La presidencia de Rodrigo Paz no solo ha perdido popularidad y legitimidad de gestión, sino que “gobierna” en medio de un fenómeno técnico específico: la merma de la base parlamentaria de sustentación del Órgano Ejecutivo. Con la posición del jefe de Unidad Nacional y la actitud cuasi-opositora del ministro de la presidencia, ahora el gobierno carece de mayoría propia o de una coalición estable en el Órgano Legislativo para aprobar su agenda (leyes, presupuesto, nombramientos, reformas). Si esta situación se prolonga, esta crisis de gobernabilidad (capacidad para procesar sus decisiones) escalará, de forma inevitable, a una crisis de gobierno, donde lo que estará en cuestión será la continuidad del gabinete o del mismo presidente Paz. Por ahora tenemos: un gobierno dividido (ministros enfrentados y presidente sin habla con colaboradores específicos); parálisis legislativa ; gobierno por decreto y fragmentación política gubernamental. Bolivia ya vive un proceso de CRISIS PERMANENTE , aunque equivocadamente se hable de procesos de crisis aislados e inconexos. JORGE RICHTER ANALISTA POLÍTICO

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La Paz: doscientos diecisiete años de liderazgo, resistencia y esperanza

Cada 16 de julio, Bolivia vuelve inevitablemente su mirada hacia La Paz. No se trata solo de conmemorar el levantamiento encabezado por Pedro Domingo Murillo en 1809, considerado uno de los primeros gritos libertarios de América, sino de reconocer a un departamento que, desde la Colonia hasta nuestros días, ha sido protagonista de la construcción económica, política y cultural del país. La Paz ha sido escenario de las grandes transformaciones económicas, de las principales disputas políticas y de los procesos sociales que terminaron moldeando el destino de Bolivia. Durante la Colonia fue mucho más que una escala entre Arica y Potosí. Constituyó uno de los principales centros articuladores del circuito económico del Alto Perú. Por sus calles circularon la plata, el mercurio, los textiles, los alimentos, las manufacturas y las ideas. Su intensa actividad comercial dio origen a una poderosa clase mercantil, mientras los Yungas y el altiplano abastecían a las poblaciones mineras que sostenían buena parte de la economía del imperio español. Aquella vocación comercial nunca desapareció, por el contrario, se convirtió en uno de los rasgos permanentes de la economía paceña. Con la República, La Paz consolidó su liderazgo con el crecimiento de su sistema financiero y comercial, el fortalecimiento de sus instituciones y el establecimiento de la sede de los poderes Ejecutivo y Legislativo que la transformaron en el principal centro político de Bolivia. Sin embargo, la importancia de La Paz trasciende su condición de sede de gobierno. Desde sus plazas, universidades, sindicatos, barrios populares y centros intelectuales se gestaron muchas de las ideas que definieron la historia republicana. Allí se debatieron las reformas liberales de fines del siglo XIX; allí maduró la Revolución Nacional de 1952; allí se expresaron las grandes movilizaciones sociales del cambio de siglo y allí continúan confrontándose las distintas visiones sobre el Estado, la democracia, el desarrollo y las autonomías. La Paz ha sido, para bien o para mal, el gran laboratorio político de Bolivia. Su influencia también rebasa nuestras fronteras. Pocas regiones de Sudamérica poseen una ubicación geopolítica tan estratégica. Comparte vínculos históricos con el sur peruano, el norte chileno y se proyecta hacia la Amazonía brasileña. El comercio internacional y la cooperación regional encuentran en La Paz un territorio llamado a desempeñar un papel cada vez más relevante. A ello se suma un patrimonio difícil de igualar. Tiwanaku, una de las grandes civilizaciones precolombinas; el lago Titicaca, cuna de profundas tradiciones andinas; la Cordillera Real; los Yungas; el Parque Nacional Madidi, considerado uno de los territorios con mayor biodiversidad del planeta, conforman una riqueza natural y cultural excepcional. No es casual que numerosos medios internacionales hayan reconocido a La Paz como uno de los destinos urbanos más fascinantes de América Latina. Su sistema de transporte por cable; sus puentes que integran una geografía única; su gastronomía, reconocida a nivel internacional; y la fuerza de sus identidades indígenas y mestizas proyectan una imagen moderna sin renunciar a sus raíces. JOSÉ LUIS BEDREGAL VARGAS

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«Un Gobierno se evalúa también por sus decisiones»

A ocho meses del inicio de la actual administración, el analista político Jorge Richter sostiene que un gobierno ya puede ser sometido a una evaluación, aunque no desde los resultados finales de gestión, sino a partir de indicadores como el estilo de conducción, la legitimidad, la gobernabilidad y la lectura del momento político. En entrevista con el programa Fuego Cruzado de RTP, explicó que el principal problema del Ejecutivo radica en las “no decisiones” y en una interpretación equivocada del contexto que recibió al asumir el poder. Según su análisis, el presidente llegó al final de un ciclo político sin comprender que ese escenario exigía preservar elementos de continuidad para garantizar estabilidad y, al mismo tiempo, impulsar una reconstrucción institucional. A su juicio, la falta de lectura histórica explica buena parte de los tropiezos registrados durante los primeros meses de gestión y marca una tendencia que ya puede ser observada. Para Richter, el contexto de polarización obligaba a construir consensos antes que profundizar las confrontaciones. En ese sentido, afirma que el Gobierno perdió la oportunidad de impulsar un verdadero proyecto de unidad nacional que rescatara los avances institucionales del Estado Plurinacional sin reproducir las prácticas que desgastaron al anterior ciclo político. El analista remarca que un liderazgo efectivo debe responder a las condiciones que impone la historia y no únicamente a las aspiraciones del gobernante. Cuestiona que varias de las principales decisiones económicas, como los cambios en la política de combustibles, no hayan producido mejoras perceptibles para la ciudadanía. Señala que persisten las filas, la incertidumbre sobre el abastecimiento y el déficit fiscal, mientras la falta de transparencia en la importación de carburantes continúa siendo uno de los principales problemas estructurales del Estado. Otro aspecto que Richter considera preocupante es el deterioro de la legitimidad de gestión. Explica que el respaldo obtenido en las urnas constituye una legitimidad de origen que, con el paso de los meses, debe transformarse en confianza sostenida mediante resultados y capacidad política. Sin embargo, asegura que las encuestas muestran una pérdida de popularidad y evidencian dificultades para consolidar una base territorial, social e institucional. En su criterio, el Ejecutivo carece de una mayoría parlamentaria sólida y no controla la agenda política. También advierte que parte del respaldo que aún conserva responde más al rechazo de ciertos sectores hacia un eventual retorno del antiguo liderazgo del MAS-IPSP que a una adhesión al proyecto gubernamental. Finalmente, Richter cuestiona el perfil del gabinete y sostiene que el país necesita autoridades con mayor profundidad histórica y política para enfrentar la compleja coyuntura nacional. Define a la actual administración como un “gobierno de consultores”, al considerar que predomina una visión técnica sobre una comprensión integral del proceso sociopolítico boliviano. Asimismo, critica que los conflictos recientes hayan sido gestionados mediante acuerdos circunstanciales y posteriores procesos de judicialización, lo que —según advierte— deteriora la confianza con los sectores sociales. También observa inconsistencias en la relación del presidente con su propio vicepresidente y con otras autoridades del Ejecutivo, hechos que, a su juicio, debilitan la cohesión interna del Gobierno. Richter concluye que el problema no radica en las cualidades personales del mandatario, sino en su capacidad para conducir políticamente el Estado. Desde su perspectiva, las tendencias observadas en estos primeros meses anticipan un escenario complejo si no se producen cambios en el liderazgo y en la toma de decisiones. ANNETT SOLIZ RIVERO

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La transición energética exige liderazgo político

Las recientes declaraciones de la diputada Cecilia Requena, realizadas durante una entrevista en el programa Fuego Cruzado de RTP, vuelven a colocar sobre la mesa un debate que Bolivia ha postergado durante demasiado tiempo: el futuro de su matriz energética. La parlamentaria sostiene que la transición hacia energías renovables no responde únicamente a una preocupación ambiental, sino a una necesidad económica y estratégica frente al agotamiento del actual modelo basado en los hidrocarburos. El planteamiento parte de una premisa clara: las señales de la crisis energética eran previsibles y especialistas, académicos y organizaciones ambientales las advirtieron desde hace años. Sin embargo, esas alertas no lograron traducirse en políticas públicas de largo plazo. Hoy, cuando la importación de combustibles presiona las finanzas estatales y el contexto internacional incrementa la incertidumbre, Requena considera que Bolivia debe dejar de reaccionar ante las emergencias y comenzar a construir una estrategia nacional que garantice seguridad energética, estabilidad económica y desarrollo sostenible. En la entrevista, la diputada recurre a ejemplos internacionales para demostrar que una transformación de esta magnitud no puede improvisarse. Destaca el caso de Uruguay, cuya transición energética fue resultado de años de planificación, debate político y continuidad institucional, hasta alcanzar una generación eléctrica casi totalmente renovable. A su juicio, Bolivia posee condiciones naturales igualmente favorables gracias a su extraordinario potencial solar, eólico e hidroeléctrico. Requena recuerda que existen estudios técnicos, atlas de energías renovables y propuestas desarrolladas por universidades, especialistas y organismos de cooperación que identifican esas capacidades. En ese contexto, sostiene que el país no parte de cero, sino que dispone de información suficiente para diseñar una política energética moderna. El verdadero desafío, afirma, consiste en transformar ese conocimiento acumulado en decisiones concretas que trasciendan los periodos de gobierno y permitan aprovechar una oportunidad que el resto del mundo ya comenzó a desarrollar. Uno de los aspectos centrales de su reflexión gira en torno a las prioridades del Estado. Requena cuestiona que Bolivia continúe concentrando recursos en la exploración de nuevos yacimientos de hidrocarburos mientras las energías renovables ofrecen tiempos de despliegue más cortos y, en general costos competitivos con respecto a las alternativas tradicionales. Sin plantear un abandono inmediato del gas y el petróleo, sostiene que la discusión debe orientarse a definir si las fuentes renovables serán el eje principal de la política energética o únicamente un complemento del modelo extractivo vigente. También advierte que las decisiones sobre este tema no deberían limitarse al ámbito gubernamental. En su criterio, una transición de esta naturaleza requiere la participación de la Asamblea Legislativa, la academia, el sector privado, las regiones y la sociedad civil, de manera que las futuras normas respondan a un consenso nacional y no exclusivamente a una visión administrativa del Ejecutivo. El mensaje final de Cecilia Requena plantea que la actual crisis energética puede convertirse en una oportunidad para redefinir el rumbo del país acorde con los desafíos propios del siglo XXI. Reconoce que el proceso será complejo, demandará inversiones importantes y exigirá decisiones políticas difíciles, pero considera que postergarlo solo aumentará los costos económicos, sociales y ambientales en los próximos años. La diputada insiste en que Bolivia dispone de notables potencialidades para energías renovables para avanzar hacia una matriz energética más diversificada y menos dependiente de los combustibles fósiles. Desde su perspectiva, el desafío ya no consiste en demostrar que la transición es posible, sino en decidir cuándo y con qué nivel de compromiso se comenzará a ejecutarla. En un escenario internacional donde la seguridad energética adquiere cada vez mayor relevancia, Requena plantea que el país debe asumir este debate como una política de Estado y no como una discusión circunstancial ligada a una coyuntura específica. ANNETT SOLIZ RIVERO

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