La Paz: doscientos diecisiete años de liderazgo, resistencia y esperanza
Cada 16 de julio, Bolivia vuelve inevitablemente su mirada hacia La Paz. No se trata solo de conmemorar el levantamiento encabezado por Pedro Domingo Murillo en 1809, considerado uno de los primeros gritos libertarios de América, sino de reconocer a un departamento que, desde la Colonia hasta nuestros días, ha sido protagonista de la construcción económica, política y cultural del país. La Paz ha sido escenario de las grandes transformaciones económicas, de las principales disputas políticas y de los procesos sociales que terminaron moldeando el destino de Bolivia. Durante la Colonia fue mucho más que una escala entre Arica y Potosí. Constituyó uno de los principales centros articuladores del circuito económico del Alto Perú. Por sus calles circularon la plata, el mercurio, los textiles, los alimentos, las manufacturas y las ideas. Su intensa actividad comercial dio origen a una poderosa clase mercantil, mientras los Yungas y el altiplano abastecían a las poblaciones mineras que sostenían buena parte de la economía del imperio español. Aquella vocación comercial nunca desapareció, por el contrario, se convirtió en uno de los rasgos permanentes de la economía paceña. Con la República, La Paz consolidó su liderazgo con el crecimiento de su sistema financiero y comercial, el fortalecimiento de sus instituciones y el establecimiento de la sede de los poderes Ejecutivo y Legislativo que la transformaron en el principal centro político de Bolivia. Sin embargo, la importancia de La Paz trasciende su condición de sede de gobierno. Desde sus plazas, universidades, sindicatos, barrios populares y centros intelectuales se gestaron muchas de las ideas que definieron la historia republicana. Allí se debatieron las reformas liberales de fines del siglo XIX; allí maduró la Revolución Nacional de 1952; allí se expresaron las grandes movilizaciones sociales del cambio de siglo y allí continúan confrontándose las distintas visiones sobre el Estado, la democracia, el desarrollo y las autonomías. La Paz ha sido, para bien o para mal, el gran laboratorio político de Bolivia. Su influencia también rebasa nuestras fronteras. Pocas regiones de Sudamérica poseen una ubicación geopolítica tan estratégica. Comparte vínculos históricos con el sur peruano, el norte chileno y se proyecta hacia la Amazonía brasileña. El comercio internacional y la cooperación regional encuentran en La Paz un territorio llamado a desempeñar un papel cada vez más relevante. A ello se suma un patrimonio difícil de igualar. Tiwanaku, una de las grandes civilizaciones precolombinas; el lago Titicaca, cuna de profundas tradiciones andinas; la Cordillera Real; los Yungas; el Parque Nacional Madidi, considerado uno de los territorios con mayor biodiversidad del planeta, conforman una riqueza natural y cultural excepcional. No es casual que numerosos medios internacionales hayan reconocido a La Paz como uno de los destinos urbanos más fascinantes de América Latina. Su sistema de transporte por cable; sus puentes que integran una geografía única; su gastronomía, reconocida a nivel internacional; y la fuerza de sus identidades indígenas y mestizas proyectan una imagen moderna sin renunciar a sus raíces. JOSÉ LUIS BEDREGAL VARGAS
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