Mujeres tacanas lideran un modelo económico que protege el bosque quemado
Desde el polvoriento camino se puede ver un punto naranja y gris en el horizonte: es el sol. El humo de los incendios forestales en la Chiquitania, Santa Cruz, a cientos de kilómetros de acá, se ha robado el color celeste del cielo del norte de La Paz. En este punto de la Amazonía no se han registrado incendios hasta mediados de septiembre, pero por la ventana del auto saltan a la vista fragmentos del bosque con árboles quemados. Se trata de la huella de los incendios de 2023. En esta zona de San Buenaventura, parte de la Amazonía del departamento de La Paz, se encuentra el Territorio Indígena Tacana I, compuesto por 23 comunidades. Muchas fueron afectadas por el fuego que arrasó tanto bosques maduros como áreas de cultivos de los tacanas, dejando un bosque devastado y escasez de alimentos. Aun con ese panorama, las mujeres tacanas persisten con sus iniciativas económicas, que en muchos casos comenzaron hace cinco años. El objetivo es buscar un sustento que esté en sintonía con la naturaleza, aprovechando los recursos que el bosque les ofrece sin comprometer su equilibrio. Esta visión responde a los lineamientos inscritos en su Plan de Vida, documento en el que el pueblo tacana recoge el espíritu de vivir en armonía con la naturaleza preservando los saberes ancestrales. “Nuestra misión es que las mujeres puedan tener un sustento familiar, trabajamos para mantener nuestra cultura viva y fortalecer a las mujeres, hacer que vivan libres de violencia es la esperanza”, afirma Berónica Marupa, presidenta del Consejo Indígena de Mujeres Tacanas (Cimta). Las indígenas en el territorio tacana cumplen múltiples roles fundamentales con la supervivencia de su cultura, pero también de la naturaleza. Unas 3.500 mujeres, de acuerdo con la cantidad de asociadas en el Cimta, deben lidiar día a día con los efectos de la crisis climática, como la sequía que en 2023 fue de las más intensas de los últimos años en toda la Amazonía. El Cimta fue creado en 1998 para fortalecer a las mujeres en diferentes aspectos, el productivo entre ellos, para que así logren una autonomía económica que pueda ayudarlas incluso a salir de círculos de violencia. A la fecha hay más de una decena de iniciativas en todo el territorio tacana, que van desde las artesanías hasta los servicios en turismo comunitario. La Brava visitó tres comunidades para conocer los emprendimientos y ver cómo se desarrollan luego de los incendios y ante la amenaza de nuevos desastres. Plantas medicinales que se convierten en jabones y champú, plátano que se transforma en harina, coco en aceite, cacao silvestre en chocolate y semillas en artesanías. Estos son ejemplos de trabajo creativo y conjunto. La casa de Fulvia Medina funciona como centro de capacitación para una veintena de tejedoras, las que aprenden computación utilizando cuatro laptops dispuestas sobre una larga mesa de madera. El propósito es que adquieran herramientas para administrar su negocio. Fulvia accedió a un fondo económico para revalorizar el tejido mientras ocupaba el cargo de vicepresidenta del Cimta. Los recursos de Conservación Internacional, organización no gubernamental, permite ahora al grupo de mujeres consolidar su emprendimiento. “Necesitábamos recuperar nuestros saberes ancestrales sin tener que lastimar o malograr al bosque”, explica Fulvia. De ese modo, 10 mujeres eligieron los tejidos de hilo, material procesado a partir de plantas de algodón que ofrece el bosque. Comenzaron a tejer de forma colectiva, creando diseños con figuras de la fauna de su entorno. Al final del taller de computación, las participantes se apresuran en salir para recoger a sus niños de la escuela. Tras el almuerzo viene el segundo encuentro y, cuando el sol pega más fuerte, las tejedoras se van a la casa de Inés Cohajuira para una tarde de trabajo conjunto. “Nosotras antes hacíamos el marico (bolso nativo de hilo) sólo para los hombres, pero ya agrupadas hemos visto la capacidad que teníamos de convertir en nuevos productos nuestro tejido”, destaca la responsable del inventario, Lilian Gonzales. Por eso, sobre una mesa de madera lucen también carteras, cinturones, billeteras, posavasos, individuales, separadores de libros, manillas y otros productos logrados por las hábiles manos tacanas. Las piezas, según su tamaño y diseño, pueden costar hasta Bs 260 (26 dólares más o menos), monto que va para la artesana. Esos ingresos permiten a las tejedoras cubrir gastos familiares, principalmente la provisión de alimentos. Los tejidos finamente logrados demandan mucho tiempo a las tejedoras. Por ejemplo, un centro de mesa representa hasta cinco semanas, si se considera trabajo la recolección de algodón, el tratamiento del hilo, el teñido con tintes naturales y la elaboración en el telar. La minuciosidad de las formas, la belleza del producto ha redundado en la buena acogida en los mercados nacionales. Por ejemplo, las tiendas Walisuma y Mistura —especializadas en diseños bolivianos de alta gama y a precio justo— ofrecen los productos en sus vitrinas. Y también han traspasado las fronteras y se venden en mercados internacionales como Nueva York o Washington, gracias al convenio con Conservación Internacional. Cuando todo iba bien y las ventas habían subido en 250%, llegaron los incendios de 2023 que arrasaron con las plantaciones de algodón. Por ahora no cuentan con materia prima, por lo que tienen que importarla desde la ciudad de La Paz. Pese a ello, las mujeres no se rinden y tienen el propósito de persistir; por eso continúan con capacitaciones, no sólo en materia de tejidos, sino también en temas relacionados con el manejo de un negocio. PRODUCTOS DE TOCADOR Otro emprendimiento que vio la luz en Tumupasa es Muesumu (corazón en lengua tacana). Un grupo de 21 mujeres se unió para elaborar productos como champú, acondicionador, jabones, jarabes y ungüentos según conocimientos de medicina tradicional. Esta iniciativa fue impulsada por el Cimta. Marianne Quenevo Cartagena, una de las integrantes del proyecto y expresidenta de la organización, afirma: “Queremos que esto salga a flote”. Las ventas se hacen en algunas farmacias de este municipio paceño y se está buscando salir a otros mercados. La organización no
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