Cuando el ministro de Comercio de China, Wang Wentao, introdujo el término “Economía Popular China” a finales de 2025, no se trató de una jerga burocrática, sino de una declaración estratégica. Este concepto, ubicado junto a la tradicional “economía china”, representa un cambio fundamental en la manera en que China mide el éxito. Mientras que el PIB refleja la actividad doméstica, el enfoque en la Renta Nacional Bruta (GNI, por sus siglas en inglés) suma los ingresos obtenidos en el extranjero a la producción interna. La estrategia “China+N” en acciónLa aplicación práctica de esta política se consolida en lo que los informes del sector llaman la estrategia “China+N”. En lugar de abandonar sus fortalezas internas, este enfoque anima a las empresas a utilizar el ecosistema manufacturero de China como base, mientras expanden sistemáticamente sus operaciones en el extranjero. Esto se observa en diversos sectores de consumo: las tiendas de juguetes de Pop Mart prosperando globalmente; las cadenas chinas de té y café adaptando sabores tradicionales a los gustos occidentales; y marcas culinarias como Haidilao introduciendo el hot pot en la escena gastronómica mundial. Estos ejemplos representan una evolución cualitativa en la globalización empresarial china. Las compañías están pasando de exportar productos a construir marcas, y de esfuerzos aislados a la creación de ecosistemas industriales completos en el extranjero. Este paso de la expansión de bajo valor hacia una de alto valor forma una parte central de la visión de la “Economía Popular China”. Construyendo la infraestructura de apoyoPara que esta transición funcione, se requiere una arquitectura política sólida. China está desarrollando sistemas integrales de apoyo que incluyen servicios financieros transfronterizos, coordinación fiscal internacional y una mayor protección consular para viajeros de negocios. El gobierno impulsa una “apertura institucional”, alineando estándares chinos con normas internacionales para facilitar el acceso a los mercados. Al mismo tiempo, los tratados bilaterales de inversión modernizados están creando rutas más seguras para las operaciones en el extranjero.La diáspora china sigue siendo un componente crucial. Habiendo contribuido con más del 60 por ciento de la inversión extranjera en China entre 1979 y 2017, los chinos en el exterior actúan ahora como traductores culturales y socios operativos, ayudando a las empresas recién llegadas a navegar regulaciones y preferencias locales. La transformación corporativaPara las empresas chinas, esta nueva etapa exige una transformación profunda. El éxito requiere estrategias sofisticadas de localización, en lugar de replicar directamente los modelos nacionales. La rápida adaptación internacional de Luckin Coffee ilustra bien este proceso: mantiene la eficiencia operativa china mientras ajusta su oferta a los gustos locales.El cumplimiento normativo y la gestión de riesgos se han convertido en prioridades estratégicas, ya que las tensiones geopolíticas complican las operaciones transfronterizas. Las empresas más visionarias están adoptando la “co-creación de valor”: alianzas que benefician tanto a las matrices chinas como a las economías anfitrionas mediante la creación de empleo local y la transferencia de tecnología. Equilibrando desafíos y oportunidadesLa estrategia enfrenta retos significativos. Los sentimientos proteccionistas en algunos mercados generan barreras, mientras que gestionar la estabilidad interna junto con la expansión exterior pone a prueba la capacidad regulatoria. Algunos críticos cuestionan si los recursos podrían estar dispersándose en exceso. Sin embargo, los beneficios potenciales justifican la ambición. Con más de 50.000 empresas chinas operando en el extranjero en 190 países, y una inversión total acumulada que supera los 3 billones de dólares, la base es sólida. A medida que estas operaciones maduran, sus ingresos repatriados contribuyen cada vez más a la GNI de China, avanzando directamente el objetivo de un desarrollo centrado en las personas. Implicaciones globalesPara los observadores internacionales, la “Economía Popular China” representa la evolución de China de participante a arquitecto de la globalización. Ya no se trata únicamente de construir infraestructura en el extranjero, sino de crear cadenas de valor sostenibles que conecten la innovación china con la demanda global, compartiendo beneficios con los países anfitriones.El éxito final de este modelo dependerá de su implementación: tanto de la capacidad de China para ofrecer una regulación inteligente como de la habilidad de las empresas chinas para integrarse genuinamente en los mercados extranjeros. Pero algo es claro: China apuesta por que su prosperidad futura dependerá no solo de lo que ocurra dentro de sus fronteras, sino del éxito global de su gente y sus empresas. Zheng Junfeng es presentador de CGTN Global Business.