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Deportes

¡VALERIA DE ORO! Del salto de fe a la gloria

Uff… Era el quinto intento. La triplista tarijeña Valeria Quispe Fuentes puso todo el corazón. La mirada fija y con trancos profundos, se encaminó por el pasillo estrecho de aproximación. Despegó desde la línea de batida para volar hasta los 13 metros con 48 centímetros y caer en la fosa de arena con la medalla de oro en los XX Juegos Bolivarianos Ayacucho-Lima 2025. Antes, un salto nulo, dos registros iguales de 13,27 metros y un cuarto intento de 13,10 parecían dejarla atrás. La ecuatoriana Adriana Chila, con 13,33 metros, le llevaba los talones por delante y la superaba. Pero Valeria —nombre que significa fuerza y valor— decidió entregarlo todo. Y fue en ese último salto, del 4 de diciembre, cuando la joven coronó un camino de fe, esfuerzo y gloria. “Cuando uno quiere y se traza un objetivo todo es posible. Me emociona demostrarme a mí misma que todo se puede conseguir”, declaró Valeria, de 28 años, tras la victoria. Con ese salto de 13,48 metros quedó apenas a dos centímetros del récord boliviano que ella misma ostenta. Horas después de la victoria, desde Tarija, Bolivia, los mensajes de felicitación inundaron el WhatsApp de la medallista de oro. Eran niños y padres que, con palabras y abundantes emojis, le enviaban su aliento a la también maestra de Educación Física e instructora de atletismo. Y es que Valeria se forjó sola. Sostuvo su preparación gracias al trabajo en las aulas y a las clases particulares, pues la falta de apoyo institucional —estatal y privado— la obligó a multiplicar horas de esfuerzo. “Me siento alegre, con sentimientos encontrados. Coordinar el trabajo con el entrenamiento fue complicado. Este año (2025) agarré más horas en el colegio. Hay días donde entreno con planes, sin la presencia de mi entrenador, y es difícil, porque es una prueba técnica”, recordó entre lágrimas, acompañada por su guía Bryan Pecho. Aquella niña que trepaba árboles, jugaba en la calle con sus amigos y disfrutaba del voleibol y el básquetbol, demostró mayores condiciones en el atletismo, algo que su madre supo ver. Le costó interesarse, hasta que descubrió en el salto triple una atracción singular. En el atletismo boliviano suelen preferirse pruebas como la velocidad o la marcha; Valeria eligió el salto, y los resultados están a la vista. En mayo de 2011, cuando tenía 14 años, hizo el salto triple en 11.60 metros, en los Juegos Trasandinos de Salta (Argentina). Al año siguiente, en el Sudamericano U-18, en Mendoza (Argentina) logró un 11.79. Su debut en los Juegos Bolivarianos fue en 2013, en Trujillo (Perú), donde registró 12.62 y en el Sudamericano Junior 2015 en Cuenca (Ecuador) hizo 12.92. El momento de satisfacción llegó para Valeria en los Juegos Bolivarianos de Santa Martha (Colombia) en 2017 cuando obtuvo la presea de bronce, con 13.17. También ganó bronce en el Iberoamericano en Cuiabá (Brasil) el año pasado con 13.11 metros. Además de sus medallas, Valeria alcanzó un logro académico que refleja la misma disciplina que aplica en cada salto. En 2022, se tituló como Licenciada en Economía en la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, con el proyecto “Evaluación de los costos y beneficios de la producción de uva en el distrito de Calamuchita, municipio de Uriondo, período 2020-2021”. Los “no” también la impulsaron. En 2013, pese a obtener la marca mínima para el Mundial Junior de Ucrania, ella no pudo asistir por falta de apoyo económico. Para conseguir la visa de ingreso debía tener los pasajes comprados, un gasto mayúsculo. Así comprendió que obtener récords y ganar medallas eran apenas la mitad del camino: necesitaba financiamiento para competir en otro nivel. En noviembre de 2024, el Ministerio de Salud y Deportes presentó a los 100 atletas beneficiados con la beca Sueño Bicentenario, que otorgaba pagos mensuales de 17.500 bolivianos a los de nivel Élite, 12.500 al Competitivo y 7.500 a Talento Deportivo. Valeria no fue incluida en ninguno de estos grupos. “La verdad no sé qué pasó. A pesar de eso, no me limité a seguir entrenando y obtener los resultados que hoy tengo”, enfatizó Valeria. Con su carácter sereno, no alzó la voz. Continuó practicando con disciplina, régimen alimenticio y sesiones de fisioterapia. Ahora que es campeona bolivariana, sus próximas metas son los Juegos Suramericanos de Santa Fe (Argentina) en 2026 y los Panamericanos de Lima (Perú) en 2027. Buscará rozar los 14 metros y así escalar en el ranking para llegar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Si lo consigue, volverá a sentir los trancos profundos y la adrenalina de su vuelo, desde la línea de batida hasta la fosa de arena, como cuando entregó el oro a Bolivia con su salto de fe y gloria. Por Max Rodolfo Vino Arcaya Fotos: Federación Atlética de Bolivia, Agenda Deportiva

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Si Bolivia pasa el repechaje deberá enfrentarse a Francia, Senegal y Noruega en el Mundial de Fútbol 2026

Este viernes se ha efectuado el sorteo de la Copa Mundial para la fase de grupos. En caso de que Bolivia logre la clasificación en el repechaje, sus rivales serán Francia, Senegal y Noruega. En septiembre de este año, la Selección Boliviana pasó a la zona de repechaje del Mundial de 2026 con un triunfo sobre Brasil y la goleada de Colombia contra Venezuela, por 5-3. El rival de Bolivia en el repechaje es Surinam, encuentro que está previsto para el 26 de marzo del 2026. El escenario será la ciudad mexicana Monterrey. (URGENTE.BO)

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Histórico: Bolivia clasifica a semifinales en la Copa América de Talla Baja

Histórico. La selección boliviana de talla baja está cumpliendo una destacada actuación en la Copa América de Talla Baja, clasificando este jueves a las semifinales del torneo y convirtiéndose en una de las grandes revelaciones del campeonato. En los cuartos de final, Bolivia venció 1-0 a México gracias a un gol de Alfredo Quispe, que marcó a los 14 minutos del primer tiempo. Con este triunfo, la Verde aseguró su boleto a las semifinales, que se disputarán en Paraguay. Mañana enfrentará a Argentina desde las 17:00, mientras que a la misma hora Paraguay y Brasil jugarán por el otro pase a la final. Bolivia terminó la fase de grupos con 7 puntos en el Grupo A. Su campaña fue de ascenso constante: comenzó con una derrota ante Paraguay 3-0, luego reaccionó con un empate clave frente a Estados Unidos 1-1, y cerró con dos victorias consecutivas —Chile 3-1 y una contundente goleada sobre Japón 7-1— asegurando su clasificación con autoridad. EL DEBER

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Azkargorta, un hombre difícil de entender, imposible de olvidar

Xabier Azkargorta Uriarte nació con bigote, como él mismo solía decir, y con esa personalidad que siempre escondía una broma. Con humor y cercanía rompía barreras para transmitir sus ideas, redefiniendo el fútbol y dejando una huella profunda en Bolivia. Su hazaña de clasificación será recordada por generaciones y, a una semana de su partida, su paso por esta tierra aún se guarda con cariño y respeto. En España, Azkargorta, médico de profesión, tenía la vida asegurada, como director técnico dirigió al Espanyol, Real Sociedad, Sevilla y Tenerife, equipos de la Primera División, debutando en este cargo a los 29 años, dirigiendo a futbolistas que eran mayores en edad y su apellido era referencia en el fútbol. Nada parecía suficiente para Azkargorta. Él quería seguir doblando paradigmas. Con la hoja de vida que había construido, el salto hacia un club más grande en Europa era la evolución natural… Hasta que llegó la oferta de dirigir a la Selección Nacional de Bolivia. Una campana sonó dentro del “Profe”, era una de esas contrariedades que pocos entenderán: un profesional del fútbol, o en cualquier rubro, sueña con llegar al Viejo Mundo, no con salir de allí para trabajar con un grupo de jugadores de un país pequeño y pobre, palabras que pintaban de pies a cabeza a Bolivia en los años 90, en pleno andar de la democracia. Xabier Azkargorta Uriarte nació el 26 de septiembre de 1953 en Azpeitia, España, en tiempos en que el país estaba bajo el régimen de Francisco Franco. El padre de Azkargorta, Francisco, fue detenido injustamente. Esa experiencia cambió profundamente al que sería el “Bigotón”. Tenía un gesto de afecto por los privados de libertad, a quienes llevaba material escolar o deportivo para que puedan realizar sus torneos dentro de la penitenciaria. Mientras tanto, las eliminatorias mundialistas rumbo a USA 1994 avanzaban a galope. Los grandes logros deportivos suelen alcanzarse con una dosis de locura e incredulidad. Cuando la campana sonó desde Bolivia, bastó con responder a ese llamado para que Azkargorta fuera visto como un “loco”: dejó todo y apostó su carrera por futbolistas con talento, aunque carentes de disciplina y compromiso, en un fútbol que se llamaba profesional, pero que en la práctica era bastante amateur. El presidente, en ese entonces de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), Guido Loayza Mariaca, y Azkargorta pudieron cerrar el trato por teléfono, mandarse faxes del contrato, pero antes de la rúbrica, el vasco quería conocer Bolivia, respirar el poco oxígeno que hay en esta altitud, ver de cerca a las señoras de pollera, extender los brazos, tratando de tocar los cerros que cuidan a la ciudad de La Paz y mirar a los ojos a Loayza para conocer hasta dónde querían llegar en las clasificatorias mundialistas. Con el tema de la remuneración resuelta, viendo el rol de partidos, compartiendo grupo con Brasil, Uruguay, Ecuador, Venezuela y Bolivia, la duda de Azkargorta estaba en saber si iba a terminar como primero o segundo en la tabla. Ya instalado, uno de los primeros partidos que vio fue Bolívar contra San José, quedándose impresionado por los movimientos de Guillermo Peña, delantero de los santos, que le recordaban lo que él mismo hacía en esa posición antes de la lesión sufrida a los 17 años, la cual truncó su sueño de ser futbolista. También, puso atención en el desempeño del defensor Marco Antonio Sandy. El segundo partido que presenció en persona fue en Santa Cruz, entre Blooming y San José, donde destacó el rol del defensor Juan Manuel Peña y del delantero Jaime Moreno. La vida transcurría dentro del cuadriculado hasta que estalló el conflicto entre futbolistas y dirigentes por las deudas salariales. En España estos temas se resolvían de forma discreta, pero aquí el gremio instaló un paro que, para sorpresa de muchos, se prolongó durante meses. Sin competencia oficial, con Bolívar y The Strongest defendiendo el fútbol boliviano en la Copa Libertadores apenas por seis semanas y sin solución a la vista, Azkargorta estuvo a un paso de regresar a su país, donde tenía más certezas. Su fe estaba siendo puesta a prueba El último intento era llevar a la Selección Nacional al Centro de Alto Rendimiento en San Cugat, España. Ahí, Azkargorta se volvió en el “Profe”, vaciando todo su conocimiento táctico sobre los jugadores y recordándoles que antes de futbolistas eran hombres, que sentían y tenían sueños, donde las excusas quedaban a un lado y donde el “aquí y ahora” te ganaba partidos. Después del 7-1 a Venezuela en Puerto Ordaz, en la esquina esperaba Brasil, partido que se iba a jugar en el estadio Hernando Siles, donde se volteó taquilla. Como en la antigua Roma, la gente se instaló en primera fila para ver el desenlace. Aunque el entusiasmo era enorme, dentro había esa vocecilla que le daba más crédito a los verdeamarillos. Con el famoso Pelé como comentarista, Brasil fue vencido 2-0 en un partido histórico. “Hasta el campeón del mundo ha caído en La Paz. ¡Viva La Paz, carajo!”, cantó luego el grupo Kachas, inmortalizando la hazaña frente al tirano del fútbol. Ese triunfo marcó el giro hacia el Mundial de Estados Unidos. Y en esa jornada nació “El Bigotón”, apodo surgido en el vestuario en una ocurrencia de los futbolistas, convertido en estribillo que aún hace saltar de alegría a los aficionados. Ese día también, Dios y el Diablo hicieron un pacto: Bolivia acabó con un invicto de 40 años. Meses después, la factura llegó con intereses a Marco Antonio Etcheverry, quien sufrió una lesión que lo mermó para la Copa Mundial USA 1994 y fue expulsado contra Alemania (0-1). Tras el Mundial, Azkargorta regresó a su país. Muchos pensaron que lo más acertado era que siguiera dirigiendo a la Verde, pero él entendió que era momento de tomar distancia. Alrededor suyo se había formado una imagen de mesías que lo rebasaba, y recordaba que hubo uno… y lo mataron. Azkargorta llegó como el médico de cabecera cuando el fútbol boliviano estaba

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Luis Espinal: del grito del pueblo al grito del gol

La imagen del padre jesuita español Luis Espinal Camps corre a lo largo y ancho de la cancha de césped sintético. Su imagen estampada en un escudo de camiseta protege y guía a los 180 niños, niñas y jóvenes del Club Deportivo y Cultural que lleva el nombre del también naturalizado boliviano. Y es que ese grupo de menores lucha por llegar a la Primera “A” de la Asociación Tarijeña de Fútbol (ATF). “Aquí los jóvenes y los niños están identificados con el Padre. Conocemos su historia, de dónde vino, cómo trabajo en el país y la mala fortuna. Ha sido maltratado en los últimos instantes de su vida”, menciona Armando Puña, futbolista retirado y que ahora es el entrenador del club Luis Espinal. Lo que pocos saben es que el Padre también fue futbolista. El atlético y robusto, Luis Espinal destacaba como estudiante, entre 1944 y 1949, en el colegio y seminario San José en Roquetas (Tarragona), donde mantenía un equilibrio entre sus actividades académicas y el deporte. El joven “Lucho” abría los brazos, adueñándose del arco, una posición que le gustaba desarrollar. Inquieto como era, también practicaba la natación y la caminata por las montañas. En Bolivia, por sus compromisos, no pudo ejercer con esa frecuencia su afición por el deporte. Esta agitada agenda afectó a su salud, en 1974 sufrió convulsiones y desmayos, recibiendo tratamiento, y en 1975 se dislocó la columna subiendo a un bus, tuvo que guardar reposo de una semana. Luego, el Padre cayó enfermo por un cuadro de hepatitis, que lo obligó a cuidarse durante dos meses. Quizás, le vino la dolencia porque en diciembre de 1977 y enero de 1978 participó de la huelga de hambre de mujeres mineras, entre ellas Domitila Chungara, en contra de la dictadura de Hugo Bánzer Suárez, que al final logró anularlo del poder. “En esta ocasión unos amigos le trajeron un televisor para que pudiera ver los partidos del Mundial de fútbol que se desarrollaba en Argentina (1 de junio al 25 de junio, con la albiceleste coronándose campeón ante Países Bajos, 3-1). Fue la única época en que pasó largas horas frente a la televisión”, se cuenta en el libro El grito de un pueblo (1980). Luis Espinal fue torturado y asesinado el 21 de marzo de 1980, días antes de que la dictadura de García Meza se impusiera con sangre y censura. Había huido del franquismo en España y, desde su llegada a Bolivia en 1968, abrazó el país con afecto y compromiso. Su voz incomodó a los militares: desde el semanario AQUÍ, denunció a los ideólogos del golpe, dejando huella en el periodismo, el cine y la defensa de los derechos humanos. Como Espinal, el equipo ha enfrentado momentos difíciles, pero la fe y el compromiso vecinal lo han sostenido. En 2010, nació a la vida futbolística como una escuelita de fútbol, pero duró apenas dos años por falta de apoyo y compromiso. Fueron los padres y vecinos quienes impulsaron el regreso. Mediante voto resolutivo en asamblea, fijaron el 28 de marzo de 2017 como fecha de fundación. En ese tiempo de algarabía, el club arrancó con diez equipos en categorías menores, aun sin plantel femenino ni primer elenco formal. La obra del padre “Lucho” Espinal ha recibido un reconocimiento afectuoso en el territorio boliviano, por ese motivo, no es extraño ver unidades educativas, calles, avenidas, plazas, bibliotecas, barrios, centros infantiles, miradores o mercados que lleven su nombre. En Tarija, al sur de Bolivia, también decidieron honrarlo, bautizando a su equipo con ese legado. En un país, donde los clubes suelen rendirse al inglés o al prefijo Real, el Libertador de América, un ingenio azucarero. Aquí eligieron memoria. “Creemos que, con el tiempo, el nombre crecerá por sí solo. Si alguien siente cariño y afecto, sobre todo por el Padre, puede venir y sumar. Queremos que esto siga creciendo y llegue lo más lejos posible”, afirma Puña. Armando Puña enfatiza que el 11 de mayo de este 2025, el barrio Luis Espinal cumplió 40 años. Entre los vecinos, dice Puña, aún hay adultos mayores que no olvidan el rugir de los tanques ni las botas que pasaban por encima de quien se atreviera a oponerse. Bolivia recuperó la democracia el 10 de octubre de 1982, y tres años después, este barrio tarijeño comenzó a levantarse desde la tierra con edificaciones de adobe, hasta alcanzar servicios básicos. Eran días de libertad. Todo barrio que se respete debe contar con una cancha de fútbol o de fútbol sala, como punto de encuentro o referencia. En el Luis Espinal, el césped sintético —con medidas mínimas, graderías y sin enmallado— sostiene entrenamientos y partidos oficiales. Desde ese rectángulo verde han emergido talentos que hoy representan a Tarija, llenando de orgullo a vecinos y entrenadores. “Con esa base estamos peleando en la Primera ´B´ para llegar a la ´A´, con estos chicos, desde las menores, formados hace siete años”, cuenta Puña, quien vienen de una familia de siete hermanos, de los cuales él y Eduardo Puña llegaron al fútbol profesional. “Ahora nos toca devolver ese conocimiento y la satisfacción será ver mañana a estos niños y jóvenes debutar en la profesional” Armando Puña jugó entre 1998 y 2006 en Unión Central, entonces emblema de Tarija en la Liga Profesional. Su hermano, Eduardo —‘Lord’ Puña— dejó huella en Always Ready (2019–2020), ganándose el cariño de El Alto con su melena al viento y su entrega por la banda derecha. Hoy, con 39 años, forma parte del primer plantel de Luis Espinal y también acompaña como entrenador de las categorías Sub-14 y Sub-17. “La institución ha ido construyendo credibilidad, cuenta con personería jurídica, tiene equipo que ha empezado desde la Tercera de Ascenso, este es nuestro tercer año en la Primera ´B´”, indica Armando Puña, quien, entre sus sueños deportivos, desea jugar contra Unión Central y Ciclón –el otro histórico del fútbol tarijeño, profesional en 1985-1995 y 2015-2016. Justamente, del respeto y cariño por estos equipos, nacieron los colores

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La otra Verde está huérfana

Para la otra Verde, no hay alineaciones cantadas, no hay relatos en directo, no hay caritas pintadas, tampoco está el Chaski, solo están las jugadoras colocando la cara por el país, mostrando la precariedad del fútbol femenino, recibiendo todos los dardos de un sistema que marcha con el vigor de carbón y vapor. La Selección Nacional Femenina debutó el viernes en la Liga de Naciones con una derrota previsible, dentro de la caja de posibilidades: nueve caídas, un empate y apenas un triunfo frente a Ecuador. Pero la ilusión estaba ahí, intacta, en esas once jugadoras cantando el Himno Nacional junto a 1.500 personas en el estadio Municipal de Villa Ingenio, donde aún se puede oler las sobras de Brasil. En las afueras del estadio, las revendedores ofrecen las entradas al mismo precio (Bs 10) y la gente circula al ritmo de los diez grados, encantados por la luz del Titán, como luciérnagas. No había ambiente festivo para un partido Clase A del fútbol femenino. Nueve países, incluyendo Bolivia, estaban colocando en marcha las eliminatorias mundialistas para Brasil 2027, de los cuales cuatro visitarán El Alto y otras cuatro serán locales ante la Verde. En la cancha, las bolivianas son de corazón grande, pero de baja estatura, en relación con las ecuatorianas, con una cabeza de diferencia, otras les llegan al pecho. Las árbitros uruguayas parecen de Victoria Secrets, esbeltas, repartiendo autoridad y glamour desde su metro, 70 centímetros y más. Esta diferencia física influiría en el resultado, dos de los cuatro goles vinieron con definición de cabeza y en las carreras, en dos trancazos las morenas de camiseta amarilla recuperaban el balón. Corajudas y tercas, las bolivianas no se achicaron, colocaron pierna fuerte, derribando a las rivales. Como hormiguitas, una banda de guerra de un colegio de la zona ingresó a la tribuna de recta para animar el espectáculo. A lo largo del cotejo, interpretaron seis piezas, entre ellas la canción de los Vengadores de Marvel, pero el público despertaba por bronca e indignación. A solo tres minutos del inicio, Ecuador estaba arriba con el 1-0. Para ser honesto, las visitantes tampoco fueron una aplanadora, medían sus energías o tenía miedo de encontrarse con el Fantasma de la Altura. La dirigencia de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), justamente, eligió Villa Ingenio, como escenario de esta Liga para sacar ventaja, un plan mal manejado, con diez días de concentración en Huarina, el mismo tiempo de trabajo que tiene el director técnico, el cochabambino Jhury Villarroel. Antes del inicio del segundo tiempo, Fernando Costa llega junto a su comitiva, repartiendo saludos y sonrisas, se mueve tranquilo, contrario al iracundo dirigente que en marzo estaba dando un bochornoso espectáculo en las mismas graderías y que le costó una sanción de seis mil dólares por “conducta ofensiva y falta a juego limpio” . Una de sus acompañantes le ofrece plastoformo —porque, así es, la alcaldesa no ordenó colocar las butacas de ese material poroso rojo— y él lo rechaza, pero sus acompañantes no. El segundo gol cae temprano, de nuevo tres minutos del arranque (48′). Para el tercero (78′), Costa ha desaparecido. Los periodistas también dejaron las graderías, ellos van a ganar lugar en la sala de conferencia para lapidar a Villarroel, quien, nervioso, porque también estaba debutando, diría, con el uniforme de Óscar Villegas, que este es un proceso a largo plazo, pero resulta difícil creerle con un discurso que se maneja hace décadas y recién, hace dos años hay una Liga Nacional Femenina. La palabra más repetida en el público del escenario alteño es: “presione”. Apenas una banderita y otra mediana se agitan, más allá un gorro de lana con BOLIVIA y sus colores cubre la cabeza de un anciano y más allá Samanta Alurralde, natural de Coroico, trata de alentar a sus compañeras. Ella está ausente de esta convocatoria por una lesión, desde su asiento trata de levantar la moral a: Karla Ticona, Marilin Rojas, Ana Paula Rojas y Yuditza Salvatierra, las destacadas del juego, hasta que cae el 4-0 (86′). El estadio pasó a ser un cementerio. Los funcionarios de la FBF bloquearon la opción de comentarios en la página de Facebook, pero los insultos misoginos se trasladan a las redes sociales de los programas deportivos, ahí no se miden con los calificativos. La otra Verde masculla su tristeza y rabia, llora sola en el vestuario, buscando consuelo entre sus propias jugadoras. La otra Verde está huérfana. Por Max Rodolfo Vino Arcaya

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Chío, la goleadora imparable

Goles y una sonrisa nunca faltan cuando Rocío Chío Ladino Veizaga pisa la cancha. Hace una semana, se escurría entre las rivales para definir las jugadas que consagraron a la Selección Mayor de fútbol sala de La Paz como campeona nacional. “No sabría decirle, en cada partido estaba entre uno o dos goles”, contó Chío con una sonrisa que no se esconde, al recordar su campaña como goleadora en el torneo nacional celebrado en la ciudad de Potosí. Allí anotó el 2-0 en la final contra las anfitrionas, que cerró con un 3-0 y dio paso a la vuelta olímpica, con el trofeo y las medallas brillando. De las 12 campeonas, Chío era la única que llevaba en sus manos el Botín de Goleadora, un premio al esfuerzo de estirar las horas del día, entre el estudio y el entrenamiento. “Le había puesto alma, vida y corazón a esta Selección y me sentí más emocionada. Este sacrificio llegó con una recompensa muy grande”, mencionó la goleadora. Tras regresar de la Villa Imperial, apenas pasaron unos días antes de que volviera a pisar la cancha, esta vez vistiendo la camiseta de Gimnasia y Esgrima en el torneo de la Asociación. Allí recibió una marca de rigor por parte de las jugadoras de Always Ready. Entre torpeza y parte del oficio, las millonarias dejaron sin vida a Chío, quien cayó desplomada, dentro del área por una infracción de la arquera que las árbitras no consideraron como penal. A pesar de esa marcación, instantes después, girando rápida, dentro del área tocando la pelota suave: poste y gol. Con un 4-3, a favor de Gimnasia y Esgrima, finalizó este partido, cerrando la temporada, con el cuadro de Chío quedando en segundo lugar, a un paso del clasificatorio para la Copa Simón Bolívar. “Hemos luchado dos años por ser parte de la Simón Bolívar. No se nos ha dado por diferentes obstáculos. Teníamos entendido que iban a ir dos representantes, pero al final solo irá uno”, mencionó la pívot, quien mantiene intacta las ganas de llegar al torneo en su próxima versión. Por su venas corre la competitividad, inculcada en la familia, desde el padre hasta las hermanas que juegan fútbol y futsal. Chío como señal de gratitud devuelve con goles el cariño que recibió de La Paz, ciudad que le abrió los brazos en 2021. Ella llegó a estudiar Educación Física y Deportes en el Instituto Normal Superior de Educación Física (INSEF), donde actualmente cursa su cuarto y penúltimo año. La futura profesora habla de su vocación, de “poder formar más estudiantes deportistas, que puedan seguir explorando su talento y querer este deporte, que es de bastante disciplina”. Desde que llegó a La Paz, el futsal le abrió puertas y le rodeó de amistades, como son Marivel Mollo Yujra y Guadalupe Nina Arancibia, quienes forman parte de Gimnasia y Esgrima, quienes también llegaron a la Selección campeona. De vuelta al título ganado en Potosí, la etapa de preparación fue de un mes, entrenando todos los días desde las 06:00 hasta las 08:00, en la cancha “C” del coliseo Julio Borelli. Las seleccionadas le dieron el mismo valor al futsal que a sus estudios, sosteniendo ambos compromisos con disciplina y convicción. “Muchas venían de El Alto, cinco de la mañana salían de sus casas, era riesgoso y otros días entrenábamos en las noches, porque el tiempo era corto y estábamos a la vuelta del Nacional”, recordó Chío. Con las cargas propias de la vida, el equipo paceño —integrado en su mayoría por jugadoras de entre 17 y 21 años— logró salir adelante, moviéndose en conjunto. Sosteniéndose en el apoyo emocional y psicológico, y en la confianza plena de su entrenador, Abraham Rojas Troche. EL HADA MADRINA Chío recuerda sus inicios y el bautizo simbólico que reciben los recién ingresados al INSEF. Su madrina fue nada más y nada menos que Karla Ticona Poma, salonista de la Selección Nacional, jugadora de Always Ready y Víctor Muriel (Cochabamba). ÁNGEL GUARDIÁN También le viene a la memoria que, en Oruro, admiraba el estilo de juego de Kevin Magne Córdoba, quien falleció a los 23 años en un accidente de tránsito. Recuerda que el joven integrante de Fantasmas Morales Moralitos fue despedido por sus compañeros en una cancha, donde anotaron un último gol en su honor antes de su entierro. EL GOL COMO LLAVE Chío honra los apellidos Ladino Veizaga con juego, disciplina y presencia. Lo demostró desde su paso por la Sub-20 de La Paz, su llegada a la categoría Mayor y el rendimiento en la Asociación, donde su número de celular circula entre los contactos de dirigentes que buscan refuerzos para los torneos de las ligas de barrio. “Sí, estoy siempre ahí (solicitada). Sin embargo, por el estudio voy a algunos y otros trato de priorizar”, confesó la goleadora, que jugó en la Liga Obrera bajo el escudo de Máquina Vieja, también sus goles llegaron a torneos en los Yungas y Quime, aprovechando los fines de semana, mientras estudia de lunes a sábado. Por lo que cuenta, el futsal femenino está siendo visibilizado, “y eso es muy bueno, se ve practicar a más chicas”, ocupando un terreno que parecía ajeno o distante. Queda pendiente la cena de celebración por el título ganado para La Paz, una reunión en la que se hablará de los sueños, del proceso y el trabajo duro por delante. “Tener este triunfo personal y como grupo me ayudó bastante, esperemos que se pueda dar una Selección Nacional, una Copa Libertadores”, finalizó Chío, agradecida con sus compañeras, familiares y amistades. Por Max Rodolfo Vino Arcaya

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Bolivia venció a Jordania con un golazo de Robson Matheus

La Selección Boliviana se impuso frente a Jordania, la tarde de este viernes, en su primer partido amistoso rumbo al repechaje del Mundial 2026. Un golazo de Robson Matheus sobre el final del encuentro permitió a la Verde sumar una victoria en el camino al minitorneo intercontinental de marzo próximo. El equipo de Óscar Villegas dominó una gran parte del encuentro, pero no encontró el camino del gol hasta el minuto 90, cuando Robson clavó el balón en el ángulo y desató la euforia boliviana. Después, el triunfo estuvo en peligro pero Carlos Lampe atajó un remate con el pecho para sellar el resultado a favor de la Verde. El siguiente amistoso de Bolivia será este martes (13:00 hb) frente a Rusia, en Moscú.  (CORREO DEL SUR)

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Coripata, cuna del fútbol yungueño

Juan Angola Maconde habla dos idiomas: el lenguaje del fútbol y de las letras. La colisión de estos mundos, aunque disimiles, concluyó con la presentación del libro “La Historia del Fútbol de Coripata”, una recopilación, que permitió traer a la actualidad la imagen de semillero alrededor de esta localidad yungueña. Angola, economista de profesión, ahora jubilado, maneja la escritura con un estilo pulcro, como cuando jugaba como defensor en la década de los 70. Muchos años después, juntaría estas pasiones en un libro que revive los pasajes gloriosos de Coripata, como uno de los referentes del fútbol de los Yungas. En su hoja de vida, Angola defendió las divisas de 31 de Octubre, equipo que marcó su debut en 1972, Alas, Chaco Petrolero y Fígaro, y es autor de textos sobre la historia de la cultura afroboliviana. ¿Quién mejor que él para compilar la trascendencia de Coripata en el fútbol nacional? Las amistades que nacen del fútbol le designaron este trabajo, un proceso que duró ocho años, reuniendo 65 años de historia (1935-2000). Este nombramiento vino acompañado de la satisfacción y días de penas. “He sopesado con malos momentos. Pensaban que me iba a enriquecer, hubo desconfianza de proporcionar algunas fotografías”, reveló Angola, quien, en el lado opuesto, encontró el desprendimiento de otra gente, que entendió que el libro buscaba dejar un testimonio, rico en datos, sobre Coripata y su tradición futbolera. Luego de la Guerra del Chaco, el país estaba en reconstrucción, mientras, a 130 kilómetros de distancia de la sede de Gobierno, brotaban los primeros hombres que harían rodar la pelota en sus horas libres, entre los cultivos de fruta, café o coca. Antes que estallará la Revolución de 1952, el torneo Interyungueño ya estaba en la boca de la afición paceña, disfrutando de los partidos de las selecciones de: Coripata, Coroico, Chulumani e Irupana, jugando en ls cancha de la Said, con los apellidos Vera, Loza, Asturizaga, como los más requeridos. LAS PERLAS DE CORIPATALa lista de los cracks coripateños la encabezan los hermanos Castillo, Ramiro e Iván, el primero jugando la Copa Mundial USA 1994, cautivando al fútbol argentino con la camiseta de Argentinos Juniors, River Plate y Platense, saliendo en la portada de la revista El Gráfico con el uniforme de los millonarios. Tanto Ramiro como Iván jugaron en la Selección Nacional, fueron campeones con Bolívar y The Strongest. Demetrio Angola, por su lado, sobresalió en Wilstermann. Rebobinado, los hermanos Iriondo, Juan y Luis, le dieron días de gloria a The Strongest. Gustavo Pinedo, Ramiro Ballivián y Leonel Morales también pasaron por los “grandes” del fútbol boliviano y actuaron en el extranjero. “El ejemplo que dejaron estos jugadores, cada quien con su estilo, me llena de orgullo. Antes éramos pocos, ahora, los clubes tienen presencia de varios jugadores afroyungueños. Ojalá se siga con ese entusiasmo de que los jóvenes se sigan prodigando para poner en alto el nombre de sus comunidades y de sus raíces africanas”, agregó Angola, quien es primo de Demetrio. EL PUEBLO OLVIDADOLos goles coripateños se siguen gritando; aunque esta región ha quedado en el olvido, un golpe de ingratitud de parte de la dirigencia. Luis Iriondo fue un ícono en The Strongest, abriendo con orgullo la puerta para sus paisanos; no obstante, existió el desamparo. “No se dijo mucho de Luis Iriondo, que ha jugado bastante tiempo. Nunca The Strongest fue a Coripata por un reconocimiento o fue a hacer un apoyo”, lamentó el escritor. Pese a este pasaje penoso, Coripata pudo salir adelante con su propia gente. Bajo el trabajo mancomunado de Iván Castillo y Martín Careaga, la escuela de fútbol Castillo & Careaga va nutriendo de sueños y conceptos futbolísticos a los niños, niñas y jóvenes. Entre tanto, cerca de la plaza de esta localidad, hay un museo, donde los históricos futbolistas coripateños tienen su espacio, como reconocimiento a su esfuerzo y talento.***La primera edición de “La Historia del Fútbol de Coripata” cuenta con un tiraje de 500 ejemplares. El autor considera necesaria una reimpresión con la presencia de futbolistas, a partir de 2000 hasta nuestros días. “El fútbol es para constantes, hay tropiezos, lesiones, te desaniman, porque no te toman en cuenta y eso no debe ser motivo para hacerse a un lado, ahí hay que trabajar dos veces o más para ser grande”, aconsejó Angola, luego de escribir la última dedicatoria, antes de volver a su tierra para la presentación del libro, en el atrio de la iglesia, donde varios de los futbolistas se encomiendan para ejercer una carrera profesional en plenitud y mostrar su fútbol fuera del país. Por Max Rodolfo Vino Arcaya

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Lágrimas de fútbol

Cuando se trata de fútbol, el destino llama con fuerza, a través de premociones, que van ascendiendo como un volcán de emociones. Así se sintió Óscar Villegas Cámara, seleccionador de Bolivia, la mañana del partido que venció a Brasil (1-0), encuentro que terminó en un mar de abrazos en el estadio Municipal de Villa Ingenio, donde el derroche de lágrimas era por la obtención del pase de repesca de la Copa Mundial. El país se dividió entre incrédulos y hombres de fe. Aquel día, Villegas se colocó del lado de los segundos, acompañado de una corazonada, una sensación que antes había experimentado cuando logró objetivos deportivos de menor jerarquía. “Venía en el bus y…, es mi día, digamos, estaba muy sensible. Veía a la gente que nos apoyaba en todo el camino y realmente me caían las lágrimas, me preocupada y me decía:´ojalá que le podamos dar esta satisfacción a toda esta gente´”, reveló Villegas, preocupado por no defraudar a los niños, que hacían vigilia en el hotel por una fotografía o autógrafo. Lo que podía hablarse de estrategia ya estaba agotado, era hora de una charla con el corazón en la mano. Villegas compartió con el equipo su tristeza cuando dejó el fútbol por una lesión y cuando comenzó su faceta como entrenador, trabajando ocho meses sin cobrar hasta que, en el noveno mes, el club Wilstermann le pagó 800 bolivianos. El tanque de las emociones comenzaba a llenarse. Con el once listo, el arquero Carlos Lampe tomó la palabra en el vestuario. Antes del triunfo todavía eran considerados troncos o muertos, pero “llegamos a la última fecha más vivos. Cada uno tiene un sueño. El tren pasa solo una vez. El ídolo que tenían ustedes de niño, ninguno pudo jugar este partido, así que agarremos ese boleto y subámonos a este tren, ¡carajo!” En esa alineación, la novedad era Enzo Monteiro, delantero de 21 años que era pedido por la afición y Villegas dio gusto a la gente. Hijo de padre brasileño (el futbolista Carlos Monteiro) y de madre boliviana, Monteiro fue el primer en regar lágrimas en el césped cuando entonaba el Himno Nacional. Con el final del primer tiempo encima, hay que ser atrevido para patear un penal a Brasil, cuando un país depende del gol. Con los nervios templados, Miguel Terceros anotó la victoria, cortando la tensión. “Me gusta tener esa responsabilidad, nos preparamos para llegar a ese momento. Fui feliz al patear el penal, siempre tengo en mente la responsabilidad de un país y es un momento especial para crecer como un jugador”, admitió el extremo zurdo de 21 años. Por calles y avenidas, solo corría el viento, como hace 32 años, el fútbol paralizó a la población, empequeñecida, en el segundo tiempo, hasta que inflaron el pecho, sacaron la cabeza y los gritos de felicidad estallaron con el final. Mientras, kilómetros al sur, Venezuela cenaba llanto, frustración y coraje. En el campo, las piernas de Lampe fallaron, se derrumbó como si alguien le habría quitado una carga de derrotas, para que pueda moverse libre. El “Gigante”, que había atizado el coraje del equipo, ahora estaba con el rostro de niño, llorando, abrazando a sus hermanos de fútbol, en la ciudad fría de El Alto, desde ahí, la alegría se extendió y las lágrimas de los valientes de la Verde se mezclaban. Terceros fue el más abrazado, sin darle tiempo para limpiarse el rostro, en una eliminatoria, en la cual se consolidó como la figura, delante de Marco Etcheverry, Luis Cristaldo y Miguel Rimba, mundialistas de USA 94, que estaban aplaudiendo en el palco, y frente a Marcelo Martins, el máximo goleador de la Selección (31 goles), que saltó de la tribuna al terreno para felicitar. En la conferencia de prensa, Villegas y Terceros estaban con una postura mesurada, sin que sus emociones les traicionen, guardando lágrimas para lo que viene. Saltaron y gritaron todo lo que quisieron en el vestuario. Saben que falta el último tramo, en marzo, jugando frente a uno o dos de las cinco selecciones que, con poca tradición y nivel de fútbol, aspiran a llenar de orgullo su nación, en un duelo de voluntades. Por Max Rodolfo Vino Arcaya

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