
A pocos días de celebrar la festividad de Todos Santos, las caseritas de la plaza Juana Azurduy de Padilla de la zona Villa Dolores de El Alto se convierten en guardianas de una tradición que une a las familias con sus seres queridos que partieron de este mundo, entre panes, dulces y figuras tradicionales, ofrecen los elementos que dan vida a las mesas para recibir a los «ajayus», las almitas, según la creencia, regresan para reencontrarse con sus familias.
Los precios están al alcance de distintos bolsillos: las t’ant’a wawas se ofrecen desde Bs 5 la docena y Bs 15 el par; los caballitos y las escaleras tienen precios similares. El par de cañas de azúcar cuesta Bs 30, la docena de suspiros Bs 15 y la docena de roscas dulces Bs 30. También se encuentran dulces con formas de cebollitas, escaleras, paragüitas, canastas y otras figuras tradicionales a Bs 7. Cada elemento tiene un significado especial y forma parte de una mesa preparada con cariño y memoria.
Según la creencia de comerciantes y familias, el 1 de noviembre al mediodía las almas descienden del «alaxpacha», del cielo, a través de las mesas de Todos Santos para compartir con sus seres queridos en el «aqapacha», esta tierra donde los esperan alimentos, frutas de temporada, panes en forma de escalera, cruz, llama, sol, luna y t’ant’a wawa, además de dulces y todo aquello que disfrutaban en vida.
El encuentro se prolonga hasta el 2 de noviembre, cuando las almas emprenden el retorno. Así, más allá de los alimentos y las ofrendas, Todos Santos es un tiempo de reflexión, amor y recuerdo, una tradición que mantiene vivos los lazos familiares y enseña que quienes partieron siguen presentes en el corazón de quienes los esperan.
YENNY TICONA-RTP