Opinión: “Israel y el nuevo tablero geopolítico” Por Franklin Pareja

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Franklin Pareja sostiene que el acercamiento latinoamericano a Israel responde al nuevo reordenamiento geopolítico, marcado por la creciente influencia estadounidense y la competencia internacional.

La relación entre Estados Unidos e Israel no puede entenderse únicamente como una política impulsada por Donald Trump. En la entrevista con RTP Mundo, el analista Franklin Pareja explicó que la alianza adquirió una dimensión estratégica desde la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Washington identificó en Israel un socio fundamental para proyectar influencia sobre Medio Oriente. Desde entonces, gobiernos demócratas y republicanos han mantenido un respaldo sostenido a ese país, considerado un punto estratégico frente a actores regionales como Irán.

Pareja sostiene que Israel no solamente funciona como aliado militar, sino también como un centro de innovación tecnológica y capacidades de inteligencia que amplían su influencia internacional. Esta relación adquiere una nueva dimensión ante el actual reordenamiento mundial, marcado por la competencia entre Estados Unidos, China, Rusia e Irán. El resultado es un escenario donde Israel aparece como un actor cada vez más relevante dentro de la estrategia occidental para preservar espacios de influencia y capacidad de respuesta.

La transformación política de América Latina abre un nuevo capítulo en esa ecuación. Pareja observa que varios gobiernos de la región se acercan nuevamente a Israel después de años de distanciamiento protagonizados por administraciones vinculadas al denominado socialismo del siglo XXI.

El restablecimiento de relaciones no se limita al ámbito diplomático: puede incluir cooperación en seguridad, tecnología, agricultura e inteligencia. En ese sentido, Israel aparece asociado a una nueva corriente política regional más próxima a Estados Unidos y a sectores conservadores.

El cambio no significa necesariamente que América Latina vaya a convertirse en una extensión militar de Medio Oriente, pero sí evidencia que la región está adquiriendo una importancia creciente dentro de la competencia global. Estados Unidos busca reforzar su presencia ante el avance de China, Rusia e Irán, mientras algunos gobiernos latinoamericanos exploran nuevas alianzas. El desafío será determinar hasta dónde pueden llegar esos vínculos sin comprometer la autonomía de las decisiones nacionales ni convertir la cooperación internacional en dependencia estratégica.

Uno de los aspectos más relevantes del análisis de Pareja es el papel que Israel desempeña mediante tecnología e inteligencia. A diferencia de otros actores que proyectan poder principalmente a través de recursos naturales o capacidades militares convencionales, Israel ha construido buena parte de su influencia sobre innovación, seguridad y desarrollo tecnológico.

Sus capacidades de inteligencia constituyen otro instrumento de alcance internacional. En América Latina, esta dimensión puede adquirir especial importancia ante la presencia creciente de China, Rusia e Irán y frente a las preocupaciones estadounidenses relacionadas con seguridad y organizaciones consideradas terroristas. Sin embargo, aceptar cooperación tecnológica o de inteligencia no debería implicar asumir automáticamente una determinada agenda geopolítica.

Para países como Bolivia, cualquier acuerdo de seguridad debería responder a necesidades concretas y transparentes, con controles institucionales y objetivos claramente definidos. La cooperación internacional puede aportar capacidades valiosas, pero también puede convertirse en un mecanismo de alineamiento. La soberanía exige establecer límites antes de aceptar compromisos estratégicos.

El punto central, finalmente, es que América Latina está ingresando en una etapa de mayor competencia geopolítica. La región ya no puede analizarse únicamente desde las tradicionales divisiones entre izquierda y derecha, porque detrás de esas disputas existen intereses económicos, tecnológicos, militares y estratégicos de grandes potencias.

Según Pareja, el acercamiento de varios gobiernos latinoamericanos a Estados Unidos implica también una aproximación indirecta a Israel, debido a la estrecha relación entre ambos países. Para Bolivia, este escenario plantea una decisión delicada: definir qué alianzas responden verdaderamente a sus intereses nacionales y cuáles podrían convertirla en escenario de disputas ajenas.

Cooperar con cualquier potencia no debería significar abandonar una política exterior autónoma. La clave estará en diversificar relaciones, negociar desde el interés nacional y evitar que la región vuelva a convertirse en un espacio de confrontación entre bloques. El nuevo tablero geopolítico exige pragmatismo, capacidad diplomática y una clara definición de prioridades nacionales.

Vea la entrevista completa en:

Redactado por Annett Soliz Rivero       

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