Análisis: “Bots: fábrica que manipula nuestra opinión” por Alexis Becerra, experto en seguridad informática

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Alexis Becerra, especialista en seguridad informática, explicó en Fuego Cruzado de RTP cómo las granjas de bots pueden manipular opiniones, fabricar mayorías y distorsionar el debate público digital.

ANNETT SOLIZ RIVERO

Las granjas de bots dejaron de ser una imagen asociada a cientos de celulares apilados y pasaron a convertirse en una infraestructura capaz de fabricar actividad digital a gran escala. Según explicó Alexis Becerra, especialista en seguridad informática, en el programa Fuego Cruzado de RTP, un bot es un programa diseñado para ejecutar operaciones repetitivas en internet, mientras que las granjas combinan dispositivos físicos, tarjetas de celulares y software para administrar numerosas cuentas simultáneamente. Con una estructura relativamente pequeña pueden gestionarse decenas de perfiles capaces de publicar, comentar, compartir o reaccionar en redes sociales. El problema no está solamente en la existencia de estas herramientas, sino en el uso que se les da para aparentar una participación ciudadana que en realidad no existe. De esta manera, las redes pueden llenarse de interacciones artificiales hasta hacer creer que determinado mensaje, personaje o posición cuenta con un respaldo social mucho mayor al real. La tecnología, en este escenario, deja de reflejar la conversación pública y comienza a fabricarla.

El aspecto más preocupante expuesto por Becerra es la capacidad de estas redes artificiales para aprovechar el comportamiento humano y modificar la percepción colectiva. El especialista explicó el llamado sesgo de arrastre: las personas tienden a seguir aquello que perciben como mayoritario. En redes sociales, esa conducta puede ser explotada mediante cientos o miles de cuentas falsas que comentan, reaccionan o respaldan simultáneamente una determinada posición. El usuario común, antes de formar su propia opinión, suele revisar qué dicen los demás; si encuentra una mayoría aparente apoyando una idea, puede asumir que esa es la postura dominante y sumarse a ella. Así, una cantidad artificial de interacciones termina convirtiéndose en una herramienta de influencia. El fenómeno adquiere especial gravedad durante procesos electorales, debates políticos o situaciones de conflicto social, porque puede alterar tendencias, encuestas digitales y conversaciones públicas. No se trata solamente de engañar a una persona, sino de construir artificialmente la sensación de que existe una mayoría. El bot, entonces, no solo publica contenido: puede contribuir a decidir qué parece popular.

La inteligencia artificial está llevando este fenómeno a una etapa mucho más sofisticada. Becerra señaló que los sistemas actuales pueden generar perfiles con características lingüísticas específicas, capaces incluso de reproducir formas de expresión asociadas con determinadas regiones o países. Esto significa que identificar una cuenta falsa únicamente por su lenguaje, nombre o apariencia resulta cada vez más difícil. Antes, ciertos perfiles podían despertar sospechas por utilizar nombres extraños, tener fotografías escasas o mostrar poca interacción. Ahora, los bots pueden construir una identidad digital más elaborada y establecer vínculos artificiales entre ellos: aparentar familiares, amigos o conocidos que interactúan entre sí. El objetivo es crear una vida virtual suficientemente coherente para dificultar su detección. Esta evolución plantea una disputa permanente entre quienes fabrican cuentas artificiales y las plataformas que intentan identificarlas. Es un auténtico juego del gato y el ratón tecnológico. Mientras las redes sociales mejoran sus sistemas de detección, quienes administran granjas también actualizan sus herramientas, cambian números telefónicos y generan nuevos perfiles. La inteligencia artificial, por tanto, no elimina el engaño: puede hacerlo más convincente.

El análisis de Becerra deja una conclusión que trasciende las redes sociales: el problema de los bots afecta la calidad de la información con la que una sociedad construye sus decisiones. En Bolivia, según lo expuesto durante la entrevista, existen servicios que comercializan seguidores, likes y otras interacciones artificiales, incluso a precios accesibles. Esto demuestra que la manipulación digital ya no pertenece exclusivamente a grandes organizaciones con enormes presupuestos. Puede convertirse en un servicio comercial al alcance de distintos actores interesados en aumentar su visibilidad o influir en una conversación. El riesgo aumenta cuando estas herramientas ingresan al terreno político, porque pueden amplificar mensajes, instalar tendencias o contaminar consultas digitales con participaciones inexistentes. Becerra también recordó que la tecnología tiene aplicaciones legítimas, como sistemas automatizados de atención y asistencia, por lo que el problema no es el bot en sí mismo, sino su utilización. El desafío está en desarrollar mejores mecanismos de detección, fortalecer la alfabetización digital y avanzar en regulación. La tecnología evoluciona más rápido que las normas; por eso, verificar antes de creer será una responsabilidad cada vez más necesaria.

Vea la entrevista completa en: https://youtu.be/5JrTE_vutks?si=7IbKo547SWaRKHep

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