China acelera su transformación de gran vendedor a gran comprador mundial

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El enorme superávit comercial de China ha vuelto a ser objeto de críticas. Algunos sostienen que la potente maquinaria exportadora del país está inundando los mercados mundiales y ejerciendo presión sobre los fabricantes de otras economías.

Es cierto que la magnitud de las exportaciones chinas puede generar preocupación. Sin embargo, centrarse únicamente en las exportaciones —o incluso en la balanza comercial de bienes— ofrece una visión incompleta del papel que desempeña China en la economía mundial.

China no es solo la fábrica del mundo. También es uno de los mayores mercados del planeta.

En 2025, China importó bienes por valor de 18,5 billones de yuanes (2,6 billones de dólares), lo que la situó como el segundo mayor mercado importador del mundo por decimoséptimo año consecutivo, según datos oficiales chinos. El país es, además, uno de los principales destinos de exportación para cerca de 80 economías. Durante los primeros siete meses de este año, las importaciones chinas crecieron un 22 % interanual, a un ritmo superior al de las exportaciones.

Esta tendencia no responde únicamente a la evolución natural del desarrollo económico de China, sino también, cada vez más, a una política deliberada para reequilibrar su modelo de crecimiento.

Un enorme superávit comercial no es necesariamente señal de una economía óptimamente equilibrada. Y China es consciente de ello.

El superávit del comercio de mercancías chino refleja una competitividad real. Los fabricantes del país son capaces de producir desde vehículos eléctricos y baterías hasta maquinaria y productos electrónicos a precios atractivos para consumidores de todo el mundo. La fortaleza manufacturera se ha convertido en una de las principales ventajas económicas de China.

Sin embargo, un superávit comercial también tiene costes y, por sí solo, no constituye una medida de la salud de una economía.

Los datos oficiales muestran que, en 2025, los empleados de las empresas en China trabajaron una media de 48,6 horas semanales. Aun teniendo en cuenta las diferencias en las metodologías estadísticas, la cifra apunta a una intensidad laboral considerablemente mayor que la registrada en muchas economías desarrolladas. Según datos de la OCDE, las horas efectivamente trabajadas al año se sitúan aproximadamente entre 1.300 y 1.800 en países como Alemania, Japón y Estados Unidos.

Pese a ello, la producción por hora trabajada en China sigue siendo significativamente inferior a la de las economías avanzadas. El contraste resulta revelador: China ha construido una extraordinaria capacidad manufacturera, pero aún dispone de un amplio margen para elevar la productividad del conjunto de la economía, los ingresos de los trabajadores y el valor generado por cada hora de trabajo.

Y esto es fundamental para el reequilibrio económico del país.

Si la capacidad productiva crece mucho más rápido que la demanda interna, las empresas se ven cada vez más obligadas a buscar mercados en el exterior para absorber su producción.

Para China, el resultado ideal no pasa necesariamente por exportar menos, sino por contar con una demanda interna más fuerte al tiempo que mantiene la fortaleza de sus exportaciones.

Existe, además, otra distinción importante que suele perderse en el debate sobre el superávit comercial: la diferencia entre bienes y servicios.

China puede registrar un enorme superávit en el comercio de mercancías, pero continúa manteniendo un considerable déficit en el comercio de servicios. En 2025, el comercio de servicios del país alcanzó los 8,08 billones de yuanes. Las importaciones, por valor de 4,46 billones de yuanes, superaron a las exportaciones, que ascendieron a 3,63 billones, dejando un déficit de aproximadamente 829.000 millones de yuanes.

Imagen de archivo de una feria de productos de exportación celebrada en Global Harbor, Shanghái, China, 10 de mayo de 2025. /VCG

A medida que aumenten los ingresos de los hogares chinos, es probable que los consumidores demanden una mayor cantidad de servicios de alta calidad, desde turismo y entretenimiento hasta educación, atención sanitaria, servicios financieros y profesionales. Una economía interna más sólida podría, por tanto, traducirse también en un aumento de las importaciones tanto de servicios como de bienes.

En otras palabras, una economía china más equilibrada podría significar que China compre más al resto del mundo, y no menos.

Esto es importante porque el comercio internacional no es un juego de suma cero. Las importaciones de China generan mercados y oportunidades para empresas y trabajadores de otros países, del mismo modo que las exportaciones chinas permiten a los consumidores de otras economías acceder a productos competitivos.

El reto de China ahora consiste en pasar de ser una economía excepcionalmente eficiente a la hora de producir y vender a convertirse en una economía igualmente capaz de generar ingresos, consumir e invertir dentro del país.

La buena noticia es que esta transición está cobrando impulso.

China está situando el fortalecimiento de la demanda interna entre las principales prioridades de su nueva hoja de ruta económica. En el marco del XV Plan Quinquenal, el país aspira a elevar las ventas minoristas totales de bienes de consumo hasta los 60 billones de yuanes en 2030, frente a unos 50 billones de yuanes en 2025.

Una parte fundamental de esta estrategia consiste en reforzar la capacidad de consumo de los hogares mediante el aumento de los ingresos procedentes tanto del empleo como de los activos, la estabilización del mercado inmobiliario y el fortalecimiento de la seguridad social. Estas medidas se inscriben en un enfoque político más amplio que pone el acento en “invertir en las personas” como vía para impulsar la demanda interna.

Beijing busca cada vez más aprovechar el enorme potencial de su mercado de consumo, formado por 1.400 millones de personas, no solo en beneficio de los productores y proveedores de servicios nacionales, sino también de las empresas extranjeras y de aquellas economías dispuestas a aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado chino.

China ha dedicado décadas a convertirse en el gran vendedor del mundo.

Su próximo desafío es convertirse también en un gran comprador.

Y, a largo plazo, ese cambio podría resultar más saludable no solo para China, sino también para el sistema comercial mundial.

Nota del editor: Cheng He es editor jefe de CGTN Global Business. El artículo refleja las opiniones del autor y no representa necesariamente los puntos de vista de CGTN.

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