
Hay seres que nacen distintos. Intensos, que no mutilan la imaginación, sino que la liberan como un riff eléctrico que rompe el silencio.
Así de ¡P*T4 MADRE! es el libro de Wilmer Pérez Guevara
Irrumpe con palabras que son martillo contra los tibios y burócratas que confunden educación con obediencia.
“Me decía mi padre grande o mi abuelo Maximiliano, que lo único que me iba a sacar de la espesa montaña de la selva peruana, eran los libros”, afirma Pérez al recordar que viene de una familia con 42 primos, donde siempre se cultivó la lectura.

Es que este maestro de P*T4 MADRE, así sin comillas, se hizo en medio del peligro del terror instaurado por Sendero Luminoso en la selva peruana.
“El libro es simpático en su nombre, pero es muy incómodo en cada una de sus de sus lecturas. Estas 63 historias son del quehacer pedagógico, filosófico, mediante el cuestionamiento y mediante la pregunta precisa, la pregunta socrática precisa, ¿por qué este comportamiento?”, se pregunta tras la entrevista en Periodismo Que Cuenta.

Aquí no hay héroes de manual. Hay un un maestro con ojeras, tazas frías de café y la obstinada fe de que la educación todavía puede salvar al mundo.
“Yo me siento a la mesa para escribir esto, cada una de estas historias con grandes pensadores. Siento a la mesa a Kant, a Heidegger, Hannah Arendt hablando sobre la banalidad del mal, ¿sí? A Platón, a Aristóteles, siento a los a los grandes”.
El libro es pedagogía del incendio. Se habla sobre la educación con la misma fuerza con que otros discuten, religión, política o fútbol.

Sus palabras son martillo contra sus colegas y dice que su misión es persuadir y luchar contra los tibios, burócratas que llenan planillas. Que confunden educación con obediencia.
“Hay un cuestionamiento permanente. Al enfoque académico del maestro, al cómo recibe el maestro a un estudiante”.

Guevara interpela al padre que llega a mendigar una calificación o reduce el colegio a simple guardería. También señala a la madre que no soporta que su hijo no pueda ver el trofeo exhibido en el curso paralelo, porque fueron otros quienes ganaron.

Desafía la permisividad de los padres y sostiene que un estudiante tiene energía suficiente para prepararse durante 16 o 18 horas. No negocia con la “lágrima fácil”, sino que utiliza el diálogo para que el alumno asuma la responsabilidad de sus errores.
Aprendió que el rigor no está reñido con la humanidad y que el conocimiento es ante todo libertad.
“Un maestro de P*T4 MADRE , también se conmueve con el dolor, con el sentimiento del estudiante cuando de repente pasa por momentos de alta sensibilidad, cuando pierde a la novia o cuando pierde al novio”.
Sin embargo, vuelve a la carga y dispara que desde la primera infancia se tiene que saber que equivocarse no es un problema, que el gran problema es permanecer en el error.

Wilmer aspira a ser la grieta por donde entra la luz en el muro de Pink Floyd, haciendo que el estudiante “alucine” al encontrar sentido en la matemática, la física o la tecnología.
Y toda esa pasión la expresa al liderar en el sistema del colegio Montessori. Ahí gestionó: rigor académico, disciplina y acompañamiento en un entorno de libertad.
“Al maestro deben brillarle los ojos para transmitir su conocimiento. Y cuando entra el de arte, debe convencer a los estudiantes de que esa es la mejor materia. Ese es el maestro que tiene que habitar cada aula de nuestras escuelas en Bolivia”.
Por eso, cree que en Bolivia que tiene una realidad vibrante, tiene que haber una revolución de la educación, no una ley que viene del escritorio.
“Hay una escasa formación en los maestros. Tenemos que aprender muchísimo. Debemos tener la cabeza bien amoblada“, expresa el maestro que lleva más de tres décadas de enseñanza.

La pasión no se decreta, se contagia. Wilmer, como el maestro John Keating en La sociedad de los poetas muertos, enciende el fuego. “Enseñar con el alma es un acto erótico de inteligencia”.
“El maestro debe ser un sabio. Desde que se levanta tiene que pensar su clase. Tiene que arribar a su aula porque con una clase puede cambiarles la vida”.
Créditos:
Wilmer Pérez Guevara (728-75304)
Periodismo Que Cuenta
María René Cruz M.