
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ( Unesco) investiga y registra prácticas culinarias bolivianas para incluirlas en un atlas mundial que busca proteger y transmitir tradiciones alimentarias. Entre ellas destacan el apthapi comunitario en La Paz, la pesca tradicional del pueblo Weenhayek en el Chaco, el uso del ají y maní en Chuquisaca y los licores artesanales de Vallegrande en Santa Cruz.
El proyecto, financiado por el Ministerio de Cultura de Arabia Saudí, tiene como objetivo “investigar y documentar cuatro experiencias gastronómicas representativas de Bolivia”, señala un comunicado. Para tal objetivo se realizó una reunión entre la Unesco y gestores del Viceministerio de Gastronomía, al mando de Sumaya Prado.
Durante la reunión se discutieron los avances de la segunda fase de implementación de la iniciativa en Bolivia, que se desarrolla desde septiembre pasado hasta marzo de 2026 y está centrada en la investigación y documentación “detallada de los lugares donde se originan estas experiencias culinarias” para su inclusión en el atlas.
El viceministerio mencionó que una de las experiencias es el apthapi, que es una reunión comunitaria para compartir los alimentos producidos localmente.
“Esta tradición, que simboliza la reciprocidad y la unidad, fue documentada en la comunidad de Colquencha, en el departamento de La Paz, en la celebración de la festividad del Señor de la Exaltación”, indicó la institución.
La segunda experiencia está centrada en el ají y el maní, ingredientes tradicionales de la gastronomía de los valles de la región sureña de Chuquisaca y “esenciales en la preparación de platos que definen la identidad local”.

También se documentan los licores artesanales del municipio de Vallegrande, en la región oriental de Santa Cruz, que se elaboran a partir de frutas silvestres “endémicas y cultivadas” en esa zona, como la yana yana, quirusilla o la guayabilla.

La cuarta práctica investigada es la pesca tradicional del pueblo indígena weenhayek, “una nación nómada que se asentó a orillas de los ríos Pilcomayo y Bermejo”, en la zona del Gran Chaco, y “cuya cosmovisión está ligada a la naturaleza”, precisó el Viceministerio.

En la primera fase del proyecto se realizó un “exhaustivo mapeo inicial de diversas experiencias alimentarias en Bolivia” que permitió identificar y seleccionar las cuatro prácticas que se documentan, mientras que la segunda etapa se concentrará en la documentación y promoción del ají y maní y la pesca.
“El objetivo es la promoción de estas las tradiciones a las futuras generaciones mediante el uso estratégico de tecnologías digitales, contribuyendo así a los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, concluye el comunicado.
EL DEBER