
Cuando la hija de Keira nació en noviembre de 2024, apenas pudo pasar dos horas con ella antes de que fuera puesta bajo custodia.
“En cuanto nació, empecé a contar los minutos”, recuerda Keira, de 39 años. “No dejaba de mirar el reloj para ver cuánto tiempo nos quedaba.”
Al momento de la separación, Keira sollozó desconsoladamente y susurró a su bebé: “Lo siento”.
“Sentí como si una parte de mi alma muriera.”
Keira es una de las muchas madres groenlandesas en Dinamarca continental que luchan por recuperar a sus hijos tras ser separados por los servicios sociales. La medida se aplicaba bajo las pruebas de aptitud parental (FKU), evaluaciones que determinaban si los padres eran considerados aptos.
En mayo, tras décadas de críticas, el gobierno danés prohibió el uso de estas pruebas en familias groenlandesas, aunque se mantienen para familias danesas en casos complejos de bienestar infantil, cuando las autoridades creen que los niños corren riesgo de negligencia o maltrato.
Las evaluaciones aplicadas a padres incluyen entrevistas con padres e hijos, tareas cognitivas —como recordar una secuencia de números al revés—, además de cuestionarios de cultura general y pruebas de personalidad y emocionales.
Quienes las defienden sostienen que ofrecen un método más objetivo que la evidencia “anecdótica y subjetiva” de los trabajadores sociales. Sin embargo, los críticos advierten que no pueden predecir con certeza si alguien será un buen padre o madre.
Los detractores señalan además que las pruebas están diseñadas en torno a normas culturales danesas y se administran en danés, no en kalaallisut, la lengua materna de la mayoría de los groenlandeses, lo que genera malentendidos.
Según el Centro Danés de Investigación Social, los padres groenlandeses en Dinamarca tienen entre 5 y 6 veces más probabilidades de que sus hijos sean puestos bajo tutela que los padres daneses.
En mayo, el gobierno anunció la revisión de 300 casos de separación forzada, incluido el de Keira. Pero en octubre la BBC reveló que solo se habían revisado 10 casos y ningún niño groenlandés había regresado con su familia.
La evaluación de Keira en 2024 concluyó que no tenía las “competencias parentales suficientes para cuidar al recién nacido de forma independiente”. Ella recuerda preguntas como:
“¿Quién es la Madre Teresa?” “¿Cuánto tardan los rayos del sol en llegar a la Tierra?”

Los psicólogos que defienden las pruebas de aptitud parental sostienen que las preguntas buscan medir el conocimiento general y la comprensión de conceptos útiles en la sociedad.
Keira, sin embargo, recuerda otra escena:
“Me hicieron jugar con una muñeca y me criticaron por no mirarla a los ojos lo suficiente.”
Cuando preguntó por qué la evaluaban así, asegura que la psicóloga respondió:
“Para ver si eres lo suficientemente civilizada; si puedes comportarte como un ser humano.”
La autoridad local evitó comentar sobre casos individuales, pero subrayó que las decisiones de internar a un menor se toman cuando hay seria preocupación por la salud, el desarrollo y el bienestar del niño.
En 2014, dos de los hijos de Keira fueron internados tras una evaluación que concluyó que sus habilidades parentales no se desarrollaban lo suficientemente rápido. Su hija mayor, Zoe, hoy de 21 años, regresó a casa a los 18 y mantiene contacto regular con su madre.
Keira espera reunirse pronto de forma permanente con Zammi, su hija menor, aunque por ahora solo puede verla una vez por semana durante una hora. En cada visita le lleva flores y comida groenlandesa, como sopa de corazones de pollo:
“Solo para que una pequeña parte de su cultura esté con ella.” “Sentí que se me rompía el corazón.”
El gobierno danés ha anunciado que revisará los casos de evaluaciones aplicadas a familias groenlandesas para determinar si se cometieron errores, aunque el proceso avanza lentamente.

No todos los padres groenlandeses cuyos hijos fueron puestos bajo tutela estatal tras completar el programa FKU verán revisados sus casos. El gobierno danés ha declarado que los niños adoptados no serán incluidos en la revisión, lo que deja fuera a familias como la de Johanne y Ulrik.
Su hijo, nacido prematuramente el día después de Navidad de 2019, debía haber sido retirado de inmediato. Pero, debido a las vacaciones de los trabajadores sociales, la pareja pudo tenerlo durante 17 días.
“Fue la época más feliz de mi vida como padre”, recuerda Ulrik, de 57 años. “Estar con mi hijo, abrazarlo, cambiarle el pañal, asegurarme de que Johanne se extrajera leche antes de acostarse.”
La felicidad terminó cuando dos trabajadores sociales y dos policías llegaron para llevarse al bebé. Johanne pidió amamantarlo una última vez. Ulrik relata:
“Mientras vestía a mi hijo para entregarlo a sus padres adoptivos, sentí que se me rompía el corazón.”
Este es el tercer hijo que le quitan a Johanne tras evaluaciones de aptitud parental. Dos hijos de una relación anterior fueron puestos bajo tutela en 2010. Su evaluación de 2019 la describió como “narcisista” y con “retraso mental”, categorizaciones basadas en clasificaciones de la OMS vigentes en ese momento, que ella rechaza.
Pero el psicólogo Isak Nellemann, quien solía administrar las pruebas, afirma que en la práctica son “muy importantes, porque cuando las pruebas fallan, en aproximadamente el 90% de los casos pierden la custodia de sus hijos”.
Nellemann argumenta que las pruebas carecen de validez científica y fueron desarrolladas para estudiar rasgos de personalidad, no para predecir la capacidad parental.
Sin embargo, Turi Frederiksen, psicóloga sénior cuyo equipo actualmente administra las pruebas, las defiende, afirmando que, si bien no son perfectas, “son herramientas psicológicas valiosas y exhaustivas”.
También afirma que no cree que estén sesgadas contra los groenlandeses.
Cuando a Johanne le preguntaron en 2019 qué veía durante una prueba de Rorschach -una prueba psicológica en la que se pide a las personas que interpreten imágenes de manchas de tinta- respondió que veía a una mujer destripando una foca, una escena común en la cultura de caza de Groenlandia.
Johanne alega que, al escuchar esta respuesta, el psicólogo la llamó “bárbara”.
El gobierno local que realizó la evaluación de la pareja en 2019 no abordó directamente la reclamación de Johanne.
Afirmaron que su evaluación “indicaba una preocupación significativa respecto a las capacidades parentales generales de los padres”, así como “preocupaciones sobre su estilo de vida y su nivel de funcionamiento en la vida diaria”.
La ministra de Asuntos Sociales de Dinamarca, Sophie Hæstorp Andersen, declaró a la BBC que el gobierno no reabrirá los casos de adopción, ya que cada uno de estos niños se encuentra ahora con una familia cariñosa y dedicada.
Al preguntársele sobre el avance de la revisión, comentó: “Parece lento, pero ya hemos empezado”.
Añadió que las decisiones de retirar a un niño de su hogar o darlo en adopción forman parte de un proceso muy exhaustivo en el que se analiza la capacidad de la familia para cuidar del menor no solo durante uno o dos años, sino durante un largo periodo de tiempo.
Tordis Jacobsen, jefa de equipo de trabajo social en el municipio de Aalborg, en el norte de Dinamarca, se hizo eco de estas palabras y afirmó que la retirada de un niño de su hogar nunca se toma a la ligera en el país nórdico.

La ministra de Asuntos Sociales de Dinamarca, Sophie Hæstorp Andersen, declaró a la BBC que el gobierno no reabrirá los casos de adopción, ya que cada uno de estos niños se encuentra ahora con una familia cariñosa y dedicada.
Al preguntársele sobre el avance de la revisión, comentó: “Parece lento, pero ya hemos empezado”.
Añadió que las decisiones de retirar a un niño de su hogar o darlo en adopción forman parte de un proceso muy exhaustivo en el que se analiza la capacidad de la familia para cuidar del menor no solo durante uno o dos años, sino durante un largo periodo de tiempo.
Tordis Jacobsen, jefa de equipo de trabajo social en el municipio de Aalborg, en el norte de Dinamarca, se hizo eco de estas palabras y afirmó que la retirada de un niño de su hogar nunca se toma a la ligera en el país nórdico.
Explicó que las preocupaciones sobre la seguridad del menor suelen ser detectadas inicialmente por los centros educativos o los hospitales, y señaló que, en los casos de adopción permanente, la decisión de aprobarla la toma un juez.
Keira ahora se prepara para el primer cumpleaños de Zammi en su ausencia.
Está construyendo a mano un trineo tradicional de Groenlandia con madera, con un oso polar dibujado en la parte delantera.
A principios de este mes le comunicaron que su hija no volvería a casa, al menos por ahora, pero no ha perdido la esperanza.
Keira aún conserva una cuna junto a su cama y otra en el salón, además de fotos enmarcadas de Zammi en las paredes, junto con ropa de bebé y pañales.
“No dejaré de luchar por mis hijos. Si no gano esta lucha, será la lucha de mis hijos en el futuro”, sentencia.
BBC