
Durante varios años después de su primera reunión oficial de líderes, celebrada en Ekaterimburgo, Rusia, en 2009, los BRICS —por entonces todavía BRIC— fueron vistos principalmente en relación con otras agrupaciones, o como un contrapeso frente a algún bloque o arquitectura internacional ya existente. De hecho, la declaración conjunta de aquella primera cumbre del BRIC en Ekaterimburgo comenzaba reafirmando el papel central del G20 para hacer frente a la crisis financiera de 2008, que en aquel momento proyectaba una larga sombra sobre los asuntos mundiales. La misma declaración expresaba además su confianza en los organismos de las Naciones Unidas para abordar con éxito cuestiones geoeconómicas, al tiempo que respaldaba el sistema multilateral de comercio y se oponía al proteccionismo.
En los años siguientes, a medida que los BRICS se ampliaban, también fue cambiando la percepción en torno al grupo. En el transcurso de una década, pasó de ser visto como una curiosa asociación de países en desarrollo, bautizada a partir de un término acuñado por Goldman Sachs que terminaría haciéndose célebre, a ser presentado de forma cada vez más insidiosa como un desafío al orden mundial dominado por Occidente, como la respuesta de los mercados emergentes al G7 o bajo alguna otra etiqueta similar. Ahora, en vísperas de su XVIII Cumbre, la manera de caracterizar a los BRICS vuelve a estar cambiando.
En pocas palabras, los BRICS de 2026 ya no necesitan ser considerados un contrapeso frente a nadie. En términos prácticos, cuando un grupo reúne a 3.850 millones de personas, el 46,3 % de la población mundial, abarca 44 millones de kilómetros cuadrados, el 29,5 % de la superficie terrestre del planeta, y representa el 40 % del PIB mundial en términos de paridad de poder adquisitivo, el 26 % del comercio global y más de la mitad del crecimiento económico mundial, esa dimensión le permite decidir por sí mismo qué representa y cuál debe ser su agenda.
La Cumbre de los BRICS de 2025, celebrada en Río de Janeiro, Brasil, fue testigo de la incorporación de diez países como socios del mecanismo, en un contexto en el que el grupo es percibido cada vez más como una expresión de las aspiraciones del Sur Global. Ahora, en vísperas de la XVIII Cumbre anual, que tendrá lugar en Nueva Delhi, India, y en un momento en que sistemas y arquitecturas internacionales de larga data comienzan a resquebrajarse y el orden basado en reglas cede terreno ante el unilateralismo y la confrontación, los BRICS parecen estar a punto de culminar una verdadera inversión de papeles.
Lo que comenzó como un actor secundario en los márgenes se ha convertido ahora en un pilar central de una corriente mayoritaria que apuesta por la sensatez y la normalidad. Y esa normalidad escasea cada vez más.

Por ejemplo, la semana previa al inicio de la cumbre de Nueva Delhi ha estado marcada, curiosamente, por los mapas. Por un lado, las Naciones Unidas votaron a favor de corregir una injusticia histórica al sustituir la proyección de Mercator en el mapa del mundo. Las regiones cercanas al ecuador dejarán de aparecer artificialmente reducidas debido a una concepción anticuada del mundo, heredada de hace siglos y anterior al desarrollo de la ciencia moderna. Pero aunque finalmente se haya dejado atrás esa visión propia de quienes concebían una Tierra plana, otros mapas, mucho más flagrantemente distorsionados, han comenzado a circular.
Uno de ellos, que ha generado cierta inquietud en círculos internacionales, mostraba la bandera de Estados Unidos extendida sobre Canadá y Groenlandia. A ello siguió la afirmación del presidente estadounidense de que la Luna también pertenece a Estados Unidos. A lo largo de la historia, los mapas redibujados de manera imprecisa y las interpretaciones contrapuestas han sido fuente de numerosos conflictos. Este nuevo intento de “redibujar” el mapa lleva el absurdo a un nivel completamente distinto. Pero esta disputa cartográfica no es más que una gota en el océano.
La cooperación internacional a través de los mecanismos existentes está deteriorándose en todos los niveles, dejando paralizadas a numerosas instituciones y estructuras globales. Ya se trate del comercio, de la lucha contra el cambio climático o del acceso a tecnologías clave, sistemas, recursos, cadenas de suministro e incluso bienes comunes globales, existe una tendencia sin precedentes a acapararlos y utilizarlos como instrumentos de presión. La brecha entre quienes tienen recursos y quienes carecen de ellos se está profundizando deliberadamente en busca de ventajas mercantilistas, mientras poblaciones enteras corren el riesgo de quedar rezagadas o de perder sus medios de subsistencia.
Los gobiernos soberanos se ven cada vez más constreñidos y con un margen de acción más reducido. Esto resulta especialmente evidente en el ámbito económico, debido a la exportación de niveles insostenibles de deuda nacional, la instrumentalización de las infraestructuras públicas digitales y el estrangulamiento de las líneas de suministro como consecuencia de conflictos y otras disputas.
Hoy, más que nunca, es necesario recuperar el espíritu de cooperación global. Y eso es precisamente algo que los BRICS están plenamente capacitados para impulsar.

La presidencia de 2026 ya ha incluido decenas de reuniones temáticas de alto nivel y encuentros interinstitucionales, entre ellos reuniones entre bancos centrales, organismos nacionales de auditoría, sistemas judiciales, departamentos responsables de urbanización, organismos de seguridad, agencias espaciales y autoridades de respuesta ante desastres. También se han celebrado diálogos interministeriales sobre comercio, industria, agricultura, salud, educación y energía. Los departamentos científicos de los BRICS han elaborado un acuerdo preliminar sobre inteligencia artificial. Asimismo, según se ha informado, se ha propuesto un marco financiero destinado a cubrir un déficit de financiación de varios billones de dólares para las micro, pequeñas y medianas empresas.
Los mecanismos de pago, que siempre despiertan especial interés en los debates en torno a los BRICS, volverán a figurar en la agenda. También se han elaborado firmes declaraciones en favor de preservar y revitalizar el sistema multilateral de comercio, al tiempo que se profundizan las reformas institucionales, entre muchas otras cuestiones.
Está claro que a lo largo del año se ha realizado una enorme cantidad de trabajo, acompañada de un intenso proceso de colaboración, coordinación y construcción de consensos. En última instancia, todo ello llegará a la mesa de los jefes de Estado durante la principal Cumbre de los BRICS, donde la atención no estará puesta únicamente en el mensaje que este grupo, cada vez más influyente, envíe al mundo, sino también en el espíritu de diálogo y cooperación que caracteriza todo el proceso.
Como sabemos, el número 18 posee un valor simbólico en la vida humana. En muchos lugares representa la edad en la que una persona alcanza la mayoría de edad. Algo similar parece estar ocurriendo con los BRICS, que llegan a su 18.º año mucho más capaces, maduros y seguros de sí mismos que cuando comenzaron.
Y por eso todas las miradas estarán puestas en los BRICS.
Porque el mundo necesita un adulto en la sala.
Ankit Prasad
Comentarista de CGTN Biz
El artículo refleja las opiniones del autor y no necesariamente las de CGTN.