Reportaje señala a Bolivia como epicentro de la deforestación

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La presión sobre la Amazonía se está desplazando hacia Bolivia, donde la expansión de la frontera agrícola y ganadera está provocando un aumento de la deforestación, impulsada también por productores brasileños que buscan nuevas tierras ante el endurecimiento de los controles ambientales en Brasil.

Un reportaje de Bloomberg señala que agricultores y ganaderos brasileños están cruzando la frontera hacia Bolivia atraídos por el menor precio de la tierra y reglas más laxas para la habilitación de terrenos. A ellos se suman grupos de menonitas procedentes de Canadá, México y Paraguay que se han instalado en el sureste boliviano, particularmente en la Chiquitania, una región que forma parte de la cuenca amazónica.

La apertura de caminos está facilitando esta expansión. En una zona remota de la Amazonía brasileña, cerca de la frontera con Bolivia, maquinaria pesada construye una vía financiada por el agronegocio. Del lado boliviano, un camino de tierra está destinado a convertirse en una ruta de mayor capacidad, siguiendo el avance de las actividades agrícolas y ganaderas.

La producción de carne y soya constituye uno de los principales motores de la deforestación amazónica. El fenómeno suele intensificarse después de la construcción de carreteras, que permiten el ingreso de maquinaria, productores y mercancías a zonas anteriormente aisladas.

Mientras Brasil ha reforzado la fiscalización de la tala durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, la situación es diferente en Bolivia. Según Bloomberg, el país registró en 2025 la segunda mayor superficie de pérdida de bosques tropicales del mundo, pese a tener un territorio amazónico considerablemente menor que el de Brasil.

Brasil concentra aproximadamente dos tercios de la Amazonía y continúa siendo el país que pierde la mayor superficie de bosque tropical cada año. Sin embargo, la deforestación brasileña comenzó a disminuir a principios de la década de 2000 y registró una caída particularmente pronunciada desde 2023, como consecuencia de un mayor control gubernamental sobre la tala.

En Bolivia, en cambio, la presión aumenta sobre la Chiquitania, considerada el mayor bosque tropical seco de América. Los incendios forestales y la expansión de la agricultura han provocado una fuerte pérdida de vegetación nativa, convirtiendo a este ecosistema en uno de los más amenazados de la Amazonía.

El avance de la frontera agrícola ocurre además en un contexto de fuerte deterioro económico en Bolivia. La inflación se ha elevado, los ingresos provenientes del gas natural han disminuido y las reservas internacionales se encuentran agotadas. En este escenario, el gobierno del presidente Rodrigo Paz apuesta por la producción de soya y otros productos agrícolas de exportación como una fuente de crecimiento y generación de divisas.

La expansión agropecuaria, sin embargo, plantea un nuevo desafío ambiental para el país. A medida que Brasil reduce la presión sobre sus bosques mediante mayores controles, productores y capitales vinculados al agronegocio encuentran en Bolivia nuevas oportunidades de expansión, trasladando parte de la presión sobre uno de los ecosistemas más importantes del planeta.

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