
El gobierno de los Estados Unidos oficializó la imposición de un arancel del 25% a la mayoría de las importaciones provenientes de Brasil, decisión confirmada por el secretario de Estado Marco Rubio a través de la Oficina del Representante de Comercio (USTR). La medida, ordenada por el presidente Donald Trump, provocó una crisis diplomática y comercial entre las dos mayores economías del continente.
Rubio arremetió contra el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, acusándolo de no negociar de buena fe y de anteponer su “ego” a la firma de un acuerdo bilateral que habría evitado el impacto financiero sobre productores y consumidores brasileños.
La aplicación técnica del gravamen entrará en vigor el 22 de julio de 2026, bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de EE.UU.. El embajador comercial Jamieson Greer argumentó que Brasil mantiene prácticas irrazonables, como ventajas agrícolas derivadas de tierras deforestadas ilegalmente en la Amazonía, restricciones a firmas tecnológicas estadounidenses y retrocesos en normas anticorrupción.
El arancel afectará sectores clave de la industria brasileña, incluyendo vehículos, productos farmacéuticos, aeronaves civiles y materiales impresos y audiovisuales. Para evitar desabastecimiento interno, la USTR estableció exenciones para materias primas esenciales como café, carne de res, aguacates y aceites de petróleo.
Desde el Palacio de Planalto, el gobierno de Lula da Silva calificó las tarifas como unilaterales, ilegales y arbitrarias, activando la Ley de Reciprocidad para aplicar aranceles espejo a productos estadounidenses. Además, anunció una queja formal ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Brasil recordó que Estados Unidos mantiene un superávit comercial acumulado de 424.500 millones de dólares en los últimos 15 años, argumentando que la sanción carece de justificación económica y responde a tensiones políticas.
AGENCIAS