China: producir más y consumir mejor, dos motores de una misma transformación

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La luna llena se eleva lentamente entre los rascacielos de Lujiazui, en Shanghái, atrayendo a numerosos turistas que se acercan para tomar fotografías, Shanghai, China, 25 de septiembre de 2026. /VCG

Nota del editor: Michael Wang es presentador de CGTN.

La economía china creció un 4,5 % en el tercer trimestre, acelerándose frente al 4,3 % registrado en el trimestre anterior y situando el crecimiento acumulado de los primeros nueve meses del año en un 4,6 %. Estas cifras indican que la segunda economía más grande del mundo avanza hacia el cumplimiento de su objetivo de crecimiento anual, fijado entre el 4,5 % y el 5 %, pese a un entorno internacional complejo.

Sin embargo, más allá de las cifras generales del producto interno bruto (PIB), se hacen cada vez más evidentes los cambios en los pilares que sustentan el crecimiento económico de China.

Según estimaciones preliminares de la Oficina Nacional de Estadísticas de China (NBS, por sus siglas en inglés), los nuevos motores de crecimiento, entre ellos la manufactura avanzada, la economía digital y los servicios modernos, aportaron más del 40 % del crecimiento económico del país durante los primeros tres trimestres del año.

Se trata de una cifra significativa. Revela que la transformación económica de China no consiste únicamente en invertir en las industrias del futuro, sino que estas ya están contribuyendo de manera sustancial al crecimiento actual.

La producción de la industria manufacturera de alta tecnología aumentó un 14,3 % interanual durante los primeros nueve meses, mientras que la fabricación de robots industriales creció un 29,1 %. Aunque la inversión total en activos fijos disminuyó en medio del continuo reajuste del sector inmobiliario, la inversión en equipos y maquinaria aumentó un 9,7 %, y la destinada a productos de propiedad intelectual se incrementó un 9,3 %.

Estas cifras ponen de relieve una distinción fundamental entre la cantidad y la calidad de la inversión en China, así como los sectores hacia los que se está dirigiendo. Una caída de la inversión agregada no significa que todas las modalidades de inversión estén perdiendo dinamismo. La economía china atraviesa un reajuste necesario para reducir su dependencia de la expansión inmobiliaria, mientras el capital sigue canalizándose hacia activos más productivos.

La inteligencia artificial (IA) ofrece un ejemplo claro de esta transformación en marcha.

Gran parte del debate mundial sobre la IA gira en torno a la carrera por desarrollar modelos cada vez más potentes. Sin embargo, la verdadera importancia económica de estas inversiones depende, en última instancia, de las aplicaciones concretas que empresas y consumidores puedan darles.

En China, la inteligencia artificial está dejando de ser una tecnología confinada a los laboratorios para incorporarse cada vez más a las fábricas, las líneas de producción, los servicios empresariales y los productos de consumo.

Durante los primeros tres trimestres, la fabricación de productos electrónicos, computadoras y otros dispositivos digitales aportó más de un tercio del crecimiento industrial de las grandes empresas del país. Al mismo tiempo, la producción de equipos destinados a automatizar y controlar los procesos industriales aumentó aproximadamente entre un 25 % y un 30 %, lo que demuestra cómo las tecnologías digitales están encontrando aplicaciones cada vez más concretas en las plantas de producción chinas.

Por otra parte, la inversión en la fabricación de circuitos electrónicos se disparó un 58,7 %, reflejo de la creciente demanda de tecnologías e infraestructuras vinculadas a la digitalización y la inteligencia artificial. China no solo está desarrollando nuevas industrias, sino que también está elevando la productividad de sus sectores tradicionales.

La industria china no solo avanza hacia una mayor sofisticación tecnológica, sino que también está aprendiendo a producir más con menos energía. Durante los primeros tres trimestres, el consumo energético por unidad de valor agregado industrial de las grandes empresas disminuyó un 4,3 %. En un contexto de volatilidad de los precios internacionales de la energía, generar mayor valor económico con un menor consumo energético fortalece la competitividad y reduce la exposición a las perturbaciones externas.

Vista del distrito comercial de Sanlitun Taikoo Li, en Beijing, China, 9 de agosto de 2026. /VCG

Y esto nos lleva al consumo.

Buena parte del debate internacional sobre la economía china presenta la producción industrial y el consumo interno como prioridades contrapuestas. Según este planteamiento, China ha alcanzado una capacidad extraordinaria para fabricar bienes, pero necesita prestar mayor atención a estimular el gasto de los hogares. Es cierto que la demanda interna sigue mostrando una relativa debilidad frente a la producción y que un consumo más sólido resulta esencial para lograr un crecimiento más equilibrado.

Por ello, el fortalecimiento de la demanda interna constituye una de las principales prioridades declaradas de las autoridades económicas chinas.

Sin embargo, plantear la producción y el consumo como fuerzas opuestas implica pasar por alto la estrecha relación que existe entre ambas.

La inversión productiva puede generar empleo, elevar los ingresos, mejorar la eficiencia y hacer que los bienes y servicios sean más asequibles. A su vez, el aumento de los ingresos y la reducción de los precios pueden ampliar el poder adquisitivo de los hogares. Un consumo más dinámico genera entonces una mayor demanda que incentiva a las empresas a invertir, innovar y expandirse. En otras palabras, la producción y el consumo pueden, y deben, reforzarse mutuamente.

La fortaleza industrial de China le brinda una ventaja particular en un momento en que las tensiones geopolíticas y los costos energéticos ejercen presión sobre los consumidores de numerosas regiones del mundo. Esa ventaja es la capacidad de ofrecer productos a precios asequibles.

Las economías de escala, los avances tecnológicos y la relativa estabilidad de los precios internos de la energía permiten a las empresas establecidas en China fabricar productos cada vez más sofisticados a precios competitivos.

Para los hogares chinos, estos beneficios se reflejan en una mayor estabilidad de su poder adquisitivo, incluso en un contexto de presiones inflacionarias en otras partes del mundo.

Durante los primeros tres trimestres, los precios al consumidor aumentaron un moderado 0,9 %, mientras que la inflación subyacente, que excluye los alimentos y la energía, se situó en el 1,1 %. En el mismo período, el ingreso disponible real per cápita creció un 4,4 %. Esta combinación de inflación moderada y aumento de los ingresos reales sienta las bases para un mayor dinamismo del consumo.

De hecho, la evolución del consumo en China presenta más matices de los que sugieren las cifras agregadas de las ventas minoristas.

Las ventas minoristas de servicios crecieron un 5 % durante los primeros nueve meses, superando en cuatro puntos porcentuales el crecimiento de las ventas minoristas de bienes. El gasto en turismo, actividades culturales, deportes y ocio ha mostrado un dinamismo especialmente notable.

Esta tendencia refleja una evolución importante del mercado de consumo chino. A medida que mejoran los ingresos y los niveles de vida, los hogares no solo demandan más bienes, sino también mejores experiencias, mayor comodidad y una oferta más diversa de servicios.

Esto no significa que los bienes de consumo hayan perdido importancia.

China se ha propuesto elevar las ventas minoristas anuales de bienes de consumo desde aproximadamente 50 billones de yuanes en 2025 hasta alrededor de 60 billones de yuanes para 2030. Para las empresas, desde los negocios familiares hasta las grandes corporaciones multinacionales, la dimensión potencial de este mercado sigue siendo considerable.

El creciente papel de China como comprador en el mercado mundial también se refleja en sus importaciones, que aumentaron un 22,3 % durante los primeros tres trimestres, con tasas de crecimiento superiores al 20 % en cada uno de ellos. Según la Oficina Nacional de Estadísticas, este incremento respondió tanto al aumento de los volúmenes importados como al de los precios. La amplitud de la demanda china de productos extranjeros pone de manifiesto las oportunidades que su economía genera para proveedores y empresas de todo el mundo.

Durante décadas, China ha sido conocida como la fábrica del mundo. Sin embargo, su importancia para la economía global reside cada vez más en su doble condición de gran productor y gran comprador.

El desempeño económico de China durante los primeros tres trimestres demuestra su capacidad para desarrollar nuevas fuentes de crecimiento, al tiempo que afronta una transición estructural interna y un escenario internacional marcado por la incertidumbre.

Las nuevas industrias aportan una proporción cada vez mayor de la expansión económica. La inteligencia artificial continúa encontrando aplicaciones prácticas en la economía real. La producción industrial avanza hacia mayores niveles de sofisticación tecnológica y eficiencia energética. Y el mercado de consumo evoluciona hacia una combinación más amplia de bienes, servicios y experiencias.

En conjunto, estas transformaciones sugieren que la próxima etapa del crecimiento económico de China no consiste en elegir entre producir más o consumir más. El verdadero desafío es lograr que las mejoras de la capacidad productiva se traduzcan en una mayor prosperidad para los hogares y que, a su vez, el fortalecimiento de la demanda interna impulse nuevas inversiones y una innovación sostenida.

CGTN

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