
El sector del transporte pesado de Bolivia declaró estado de emergencia debido al creciente desabastecimiento de diésel y exigió respuestas inmediatas al Gobierno. Los dirigentes advierten que solo el 20% de las unidades continúan trabajando, lo que genera pérdidas millonarias y un fuerte impacto en la economía.
Lucio Gómez, ejecutivo de la Confederación de Choferes de Bolivia, alertó que no permitirán ser engañados con información falsa y que, de ser necesario, asumirán acciones legales. Señaló que las filas en los surtidores se extienden por kilómetros en capitales, provincias y zonas fronterizas, reflejando la magnitud de la crisis.
Por su parte, Álvaro Ayllón, presidente de la Cámara Departamental de Transporte Pesado Internacional (CADETRAN), advirtió que el transporte de carga internacional atraviesa una situación crítica. En la última semana, las filas para conseguir combustible se incrementaron en Santa Cruz y Cochabamba, afectando la movilidad hacia Perú y Chile.
Los transportistas denunciaron que en la frontera de Pisiga las demoras alcanzan hasta cuatro días y en Tambo Quemado dos días, debido al cambio de horarios y a la falta de personal aduanero. En el puerto de Arica, los camiones enfrentan entre cinco y seis días de espera para descargar, a raíz de la saturación ocasionada por el aumento de exportaciones de soya y minerales.
Este escenario ha reducido drásticamente la frecuencia de viajes de los camioneros: de realizar dos o tres al mes, ahora apenas logran uno, con ingresos reducidos a la mitad.
Recientemente Marcos Durán, director de Comercialización e Importación de Hidrocarburos de YPFB, aseguró que el abastecimiento de combustible se mantiene de manera continua mediante proveedores habilitados en países como Perú, Chile, Argentina y Paraguay. Explicó que la provisión depende de las divisas asignadas, lo que permite sostener la cadena de distribución en todo el territorio nacional.
WILMA CATARI
PERIODISTA DEL SISTEMA RTP