Edmundo Salazar Terceros fue asesinado hace 39 años. Su muerte truncó una investigación clave sobre el narcotráfico que involucraba a la cúpula del MNR y que se reveló tras la escabrosa muerte del naturalista Noel Kempff Mercado. Ese hecho marcó a su familia con una cadena de fatalidades. Primera fatalidad En 1986, investigar era un verbo serio y peligroso. Eso lo sabía bien Edmundo Salazar Terceros quien había decidido andar armado ante las constantes amenazas que recibía por profundizar en la investigación de un triple asesinato que había sucedido el 5 de septiembre de ese año. El pueblo boliviano estaba conmocionado al descubrir que el reconocido naturalista cruceño Noel Kempff Mercado, el piloto Juan Cochamanidis y el guía Franklin Parada habían sido cruelmente asesinados durante la expedición biológica boliviano-española a la meseta de Caparú o Caparuch, en el entonces Parque Nacional de Huanchaca, ubicado en San Ignacio de Velasco, Santa Cruz. La supervivencia del ictiólogo español Vicente Castelló no solo reveló que los expedicionarios fallecidos fueron masacrados a tiros y calcinados, sino la presencia de una gran fábrica de cristalización de cocaína capaz de producir, 1,5 toneladas de droga semanales, similar a la de Chapacura en la misma región, según datos de la época. En Santa Cruz, no se vivía una tragedia de esa magnitud desde el turbión de 1983, que dejó muertes y devastación. Ese nuevo episodio de dolor e indignación movilizó a la población, exigiendo explicaciones al Gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), liderado por Víctor Paz Estenssoro. Ante ese clamor, la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Bolivia conformó una Comisión Mixta (oficialismo y oposición) de Constitución, Justicia y Policía Judicial para investigar este caso, porque se sospechaba de negligencia gubernamental para socorrer a las víctimas. Edmundo Salazar Terceros fue elegido para integrar esta comisión y asumió la labor con la convicción de que no se podían quebrar las expectativas del pueblo cruceño y boliviano sobre las interrogantes del funesto suceso, recordaba su hermano René Salazar.Salazar Terceros junto a sus colegas Roger Cortez (PS-1) y Mario Velarde Dorado (MNR), entre los más destacados de una lista de 10 parlamentarios, iniciaron la recolección de la información. A medida que hallaban datos se enfrentaban a una compleja trama. La investigación pronto se tornó peligrosa, envuelta en una red de nombres de narcos, policías, militares e incluso la DEA. Salazar Terceros repartía su tiempo de investigación entre La Paz y Santa Cruz, donde se encontraba su esposa y tres hijos. Cuando llegaba a la capital oriental comentaba a su hermano René que sentía que se ponían trabas a la investigación y consideraba que se filtraban las indagaciones sobre Huanchaca.Eran constantes las insinuaciones que Edmundo recibía para volcar la cara y dejar de lado ese bullado caso. 150.000 dólares, una casa a estrenar, y un auto cero kilómetros son tan tentadores en 1986 como ahora, pero él los rechazaba. Una fuente reveló la siguiente charla: —Si eres mi amiga y eres del frente (FRI) voy a hacer de cuenta que no tuvimos esta conversación—Y ella respondió—Sí, sí, sí…, les dije, pero… vas a tener cuidado son gente peligrosa—Sí, lo sé. Sin tapujos, Salazar Terceros acusó al ministro del Interior, Fernando Barthelemy Martínez, de encubrir con el velo de la ambigüedad las responsabilidades detectadas tanto en los jefes de organismos nacionales como del personal extranjero de la DEA.El aludido Ministro del Interior respondió, en ese entonces, que no había las condiciones técnicas para operar en Huanchaca y que el trabajo de la comisión excedía sus facultades. Barthelemy Martínez reiteró en varias ocasiones, que el equipo norteamericano (Black Hawk) tampoco pudo entrar a tiempo por falta de apoyo logístico para el reabastecimiento y porque no era adecuado para la lucha contra el narcotráfico.Las explicaciones de toda índole incluían la falta de autorización del jefe del Comando Sur, general Jhon Taylor, quien estaba jugando golf en Panamá. Salazar Terceros no cesó en su búsqueda de la verdad histórica de Huanchaca. Leyó el 7 de noviembre de 1986, ante la prensa cruceña, el informe sobre los avances de su comisión. Criticaba el contubernio entre el MNR y ADN por la aprobación de una resolución (010/86) para evitar que se profundice en el triple asesinato.Edmundo, el revolucionario marxista-leninista-maoísta, comenzó a incomodar cada vez más a ciertos sectores. Su presencia en los medios de comunicación era constante, al igual que su voz firme en la testera del Parlamento, donde defendía la reserva moral de la comisión. Sin imaginar que en la avenida Mutualista, en la misma zona de su hogar, ya se gestaba en las sombras el plan para acabar con su vida. El 10 de noviembre de 1986, tres días después de ese informe. Salazar Terceros fue abatido a fuego de metralleta en la puerta de su casa, mientras guardaba su auto celeste Volkswagen Passat.Eran las 19:30 cuando un estruendoso ruido resonó en el garaje de su casa en la avenida Mutualista. Su esposa, María Elena Oroza, encontró a Edmundo gravemente herido. En su desesperación, entró nuevamente a su domicilio para realizar una llamada desde un teléfono fijo de la época, muy distinto a los celulares modernos que conocemos este 2025. Por casualidad, los parientes del herido vivían a solo dos cuadras. Tras su llegada, decidieron colocar a Edmundo en el asiento delantero del mismo vehículo y dirigirse rápidamente hacia la Caja Petrolera. Mientras su hermano, René lo alentaba desde el asiento delantero, María Elena lo sostenía desde atrás, aunque la gravedad de las heridas hacía evidente su fatal desenlace. Tras llegar a emergencia son atendidos por el Dr Orías. Minutos después confirman que Edmundo Salazar Terceros recibió cuatro impactos de bala. En los recortes de la época se ve el torso del diputado revolucionario con un orificio al lado derecho.Llaman a la prensa para informar del funesto suceso. Así a pocos metros de ahí, la madre de ambos, Lucila Terceros viuda de Salazar se llevaba las manos al rostro tras escuchar de la voz del periodista Jorge Arias sobre la muerte de su