
El Mundial de la FIFA suele ser considerado el acontecimiento deportivo más influyente del planeta. Sin embargo, detrás de cada edición existe también un enorme sistema económico. A medida que los países anfitriones utilizan cada vez más el torneo como una plataforma para impulsar la transformación económica y el desarrollo urbano, las empresas chinas han ampliado su papel mucho más allá de la fabricación de productos promocionales o la compra de espacios publicitarios.
Desde cadenas de suministro altamente ágiles y sistemas arbitrales impulsados por inteligencia artificial, hasta estadios, redes de transporte y proyectos de energía limpia, China se ha convertido en un actor cada vez más relevante dentro de la economía del Mundial y, en muchos casos, en un socio de largo plazo para las ambiciones de desarrollo de los países anfitriones.
De vender productos a exportar cadenas de suministro
La relación de China con el Mundial comenzó mucho antes de que las marcas chinas aparecieran en las vallas publicitarias de los estadios. Durante décadas, fabricantes de Yiwu, en la provincia oriental china de Zhejiang, conocida como el mayor mercado mayorista de pequeños productos del mundo, han suministrado banderas, bufandas y otros artículos para aficionados en grandes torneos internacionales.
Lo que está cambiando hoy no es simplemente el volumen de pedidos, sino la sofisticación de la cadena de suministro que los hace posibles.
El Mundial de 2026, que será organizado conjuntamente por Canadá, México y Estados Unidos, será el más grande de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos. Una escala de esta magnitud genera patrones de demanda rápidos y cambiantes, difíciles de atender mediante los modelos tradicionales de producción masiva.
Gracias a sus clústeres industriales integrados y al uso de herramientas digitales, los proveedores de Yiwu pueden pasar del diseño al prototipo en apenas un día, y ajustar sus planes de producción de acuerdo con la evolución del torneo en tiempo real.
Al mismo tiempo, los comerciantes recurren cada vez más a TikTok y a plataformas de comercio electrónico transfronterizo para seguir las preferencias de los consumidores en distintos mercados. Nuevos productos, desde sombreros para aficionados con protección solar hasta dispositivos portátiles de enfriamiento e incluso camisetas para mascotas, llegan al mercado a gran velocidad. Algunas empresas lanzan decenas de nuevos artículos cada semana.
Quizás el cambio más significativo sea el paso de la manufactura a la propiedad intelectual. En lugar de limitarse a producir artículos licenciados para otros, algunas compañías de Yiwu han obtenido autorizaciones oficiales de selecciones nacionales y clubes de fútbol, además de registrar decenas de patentes de diseño en el extranjero para prendas destinadas a los aficionados.
La transformación de Yiwu refleja una evolución más amplia de la manufactura china. Lo que las empresas chinas exportan hoy no es solo mercancía, sino un sistema de cadena de suministro altamente flexible, capaz de detectar la demanda, organizar la producción y llegar a los consumidores globales con una rapidez sin precedentes.
De la exposición de marca a la habilitación tecnológica
Durante muchos años, participar en el Mundial significaba principalmente patrocinar. Empresas chinas como Hisense, Mengniu y Lenovo han aprovechado la audiencia global del torneo para fortalecer su visibilidad internacional. Esa estrategia sigue siendo importante, pero ya no cuenta toda la historia.
El Mundial de 2026 ya ha sido descrito por algunos observadores de la industria como el primer “Mundial de la IA”. La FIFA ha incorporado abiertamente la inteligencia artificial y las tecnologías digitales para mejorar la gestión del torneo, la precisión arbitral y la interacción con los aficionados.
En este contexto, las empresas chinas están pasando a formar parte de la infraestructura operativa del torneo, no solo de su ecosistema publicitario.
Hisense se ha convertido en proveedor oficial de televisores para la revisión del Video Assistant Referee, o VAR, en el Mundial de 2026. Sus televisores RGB Mini LED de última generación serán utilizados en las salas VAR de la FIFA, donde la claridad de imagen y la precisión del color pueden influir directamente en decisiones críticas relacionadas con fueras de juego, manos y otras jugadas decisivas.
Por su parte, Lenovo proporcionará dispositivos en las 16 sedes del torneo y desplegará tecnologías de modelado digital y mejora de video impulsadas por inteligencia artificial. Entre sus innovaciones destacan avatares 3D de alta precisión de los jugadores, generados mediante escaneos previos al torneo, lo que ayudará a mejorar la transparencia y la visualización de decisiones como las relacionadas con el fuera de juego.
A medida que la inteligencia artificial pasa de ocupar un lugar secundario a convertirse en parte del sistema operativo de los grandes eventos deportivos, China no solo exporta productos, sino también capacidades tecnológicas en procesamiento de datos, visualización y apoyo inteligente a la toma de decisiones.
De proyectos para el torneo a desarrollo de largo plazo
El Mundial ya no es simplemente un evento deportivo. Se ha convertido en un proyecto de desarrollo nacional, capaz de acelerar inversiones y transformar ciudades durante décadas. En Oriente Medio, organizar un Mundial se entiende cada vez más no como un evento de un mes, sino como un catalizador para la diversificación económica y la transformación urbana.
El Mundial de Qatar 2022 ofrece un ejemplo claro. Aunque el país recibió a más de 1,4 millones de visitantes durante el torneo, sus beneficios de largo plazo van mucho más allá de la venta de entradas y los ingresos turísticos.
El Estadio Lusail, construido con una participación significativa de empresas chinas, acogió la final del Mundial y se ha convertido desde entonces en uno de los símbolos más reconocibles de Qatar, hasta el punto de aparecer en el billete de 10 riyales del país. Al mismo tiempo, la planta solar de Al Kharsaah, el primer gran proyecto de generación eléctrica no fósil de Qatar y también respaldado por empresas chinas, sigue suministrando energía limpia mucho después de concluido el torneo.
La misma lógica está dando forma a futuros Mundiales. Marruecos, que será coanfitrión del torneo de 2030, está invirtiendo miles de millones de dólares en la expansión de líneas ferroviarias de alta velocidad que conectarán ciudades clave como Casablanca y Marrakech. Empresas chinas participan en segmentos de estos proyectos y suministran equipos ferroviarios esenciales.
Arabia Saudita, anfitriona del Mundial de 2034, está integrando los preparativos del torneo en su estrategia más amplia Visión 2030. Firmas chinas ya participan en proyectos de construcción de estadios y desarrollo urbano diseñados no solo para apoyar el evento deportivo, sino también los objetivos de diversificación económica de largo plazo del reino.
Para los países anfitriones, el valor de un Mundial se extiende cada vez más allá de la venta de entradas, los ingresos por retransmisión o unas semanas de atención global. El verdadero legado reside en la infraestructura, las tecnologías y los activos urbanos que siguen generando valor económico mucho después de que termine el torneo. Muchos de los proyectos en los que participan empresas chinas están diseñados precisamente con ese propósito de largo plazo.
En muchos sentidos, el Mundial se ha convertido en una vitrina no solo del talento futbolístico, sino también de las cadenas de suministro, las tecnologías y los modelos de desarrollo que configuran la economía global contemporánea. La creciente presencia de China refleja un cambio más amplio: su contribución a los grandes eventos deportivos internacionales se mide cada vez menos por lo que vende, y cada vez más por lo que ayuda a construir.
Por Yu Miao, comentarista de CGTN