
El segundo Gobierno de Donald Trump, que ha inaugurado una nueva época de intervencionismo bautizada como la “doctrina Donroe”, coincide con un giro en la mirada de América Latina, que cada vez ve con mejores ojos a China. El Latinobarómetro 2026, realizado en 17 países y publicado este viernes, revela que, aunque Estados Unidos sigue siendo más popular que China en la región, la proporción de latinoamericanos que considera positiva la influencia de Washington en América Latina ha caído del 60% al 57% en los últimos seis años. En el mismo período, la de Pekín ha pasado del 48% al 65%, hasta superar ampliamente al país norteamericano.
La brecha, de ocho puntos, es el resultado de dos trayectorias que se han cruzado. La percepción negativa sobre EE UU ha subido del 28% al 37% entre 2020 y 2026, mientras la del gigante asiático ha bajado del 37% al 26% en este tiempo. “Estos datos dan para concluir que China tiene más influencia en América Latina que Estados Unidos”, indicó el informe. Solo Costa Rica y República Dominicana mantienen a Washington por delante.
Tipo de influencia de Estados Unidos
Tomando en cuenta ¿diría Ud. que la influencia de EE UU es más bien positiva, o más bien negativa?

Esta es la primera vez que China supera en percepción de influencia positiva a EE UU desde que se hace la medición. El análisis de Marta Lagos, directora de Latinobarómetro y de la consultora Mori Chile, apunta a que existe un desencuentro entre la Casa Blanca y la región. Según la experta en opinión pública, desde septiembre de 2001, a raíz de los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono, Washington dejó en una suerte de abandono a América Latina para enfocarse en otros lugares del mundo, como el Oriente Próximo, y ha sido ahora que Trump intenta retomar las políticas intervencionistas. “Han pasado más de dos décadas donde América Latina aprendió a valerse sola y donde no solo hubo influencia de China, sino también de la Unión Europea, Japón, y otras potencias mundiales que fueron llenando el espacio que EE UU había dejado vacío”, dijo Lagos en una entrevista con EL PAÍS.
Tipo de influencia y China
Tomando todo en cuenta ¿y la influencia de China es más bien positiva, o más bien negativa?

Desde que Trump asumió su segundo mandato, el 20 de enero de 2025, el progresismo ha perdido con mayor fuerza presencia en Latinoamérica y, en cambio, la derecha y la extrema derecha han ganado siete presidenciales. Daniel Noboa fue reelecto presidente de Ecuador en abril de 2025; Rodrigo Paz se impuso en Bolivia en octubre, y Nasry Asfura ganó en Honduras en noviembre. En diciembre fue el turno de Chile, donde José Antonio Kast se hizo con la victoria, en febrero de este año fue electa la conservadora Laura Fernández en Costa Rica, y en junio las segundas vueltas de Perú y Colombia coronaron a Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella, respectivamente. Estos gobiernos, junto con otros que llegaron al poder antes del regreso de Trump, como el de Javier Milei, en Argentina, se han sumado al Escudo de las Américas, una alianza coordinada por la Casa Blanca para combatir el narcotráfico y el crimen organizado.
Para Lagos existe un desajuste entre lo que busca Washington y lo que es hoy la región. “EE UU arma el Escudo de las Américas en un momento en que América Latina es más independiente, libre y está más frustrada por la ausencia de desarrollo. Está muy desconfiada, y mira a China y su desarrollo con gran admiración”, explicó.
Si la influencia china ha crecido, Lagos lo atribuye menos a la estrategia de Pekín que a la incapacidad de la región para ponerse de acuerdo. “La integración latinoamericana es un fracaso total y lo es porque los pueblos no se ponen de acuerdo”, afirmó. De ahí que, a su juicio, el Escudo de las Américas partiría de una idea errónea: “Creer que es posible que todos hagan una cosa concertadamente en un mismo concierto dirigido por EE UU”.
Influencia positiva de:

La política exterior de Donald Trump naufraga en América Latina, con una salvedad. El estudio de opinión recoge que el 59% de los latinoamericanos desaprueba la manera en que el republicano conduce los asuntos internacionales, frente a un 34% que la respalda. Y eso a pesar de que una mayoría aplaude la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, que encabezaron el régimen chavista de Venezuela entre 2013 y 2026, en la operación militar lanzada en Caracas el pasado 3 de enero. Los que están de acuerdo con lo sucedido alcanza el 69%.
El mapa del rechazo es desigual. Venezuela es el país que más aprueba la gestión exterior de Trump (61%) y el que menos la desaprueba (33%). En el otro extremo, México concentra el mayor rechazo, con un 79%, seguido de Honduras (72%), Guatemala (71%) y Uruguay (70%).
Las prioridades de cada país son distintas. La experta señala que, mientras Ecuador espera que la Casa Blanca “restablezca un orden de cualquier tipo” con la adhesión a esta alianza; en República Dominicana pudieran demandar ayuda contra el narcotráfico, pero sobre todo “un paquete de inversiones”. De Chile, Lagos advierte: “Si EE UU hace algo más que narcotráfico va a recibir una patada”.
Un aspecto que resalta es que el deterioro de la opinión de los latinoamericanos sobre Estados Unidos no distingue de ideologías. En Chile, cuyo Gobierno ha proclamado su sintonía con la Casa Blanca, solo el 46% de los ciudadanos encuestados valora positivamente la influencia estadounidense, mientras que la de China alcanza el 70%. En Perú, Pekín obtiene un 72% y Washington un 62%. “El color político del gobierno no está necesariamente relacionado con el grado de influencia que tienen EEUU y China”, concluye el estudio. En el extremo opuesto está Venezuela, donde siete de cada 10 personas ve positiva la influencia norteamericana. México, que comparte frontera y economía con este país, es el más duro: solo un 33% la considera positiva y un 62%, negativa.
De igual modo, cada país percibe de un modo diferente su relación con Washington. Mientras en Costa Rica un 89% considera que son buenas, en México tienen opiniones divididas: un 50% piensa que son buenas, mientras que al resto le parece que no es así. En promedio, el 71% de las naciones encuestadas señala que son positivas. En el caso de China, un 67% considera que son buenas, lo que es 13 puntos más desde su punto más bajo, de 54%, registrado en 2017.
EL PAÍS