
Jaime Dunn sostuvo en RTP Mundo que la comparación entre la actual ola de inversiones en inteligencia artificial y episodios como la crisis de 1929 o la burbuja de las empresas punto.com debe considerar quiénes son los principales actores del mercado.
Explicó que durante esos periodos existían compañías nuevas, con pocos ingresos o incluso sin rentabilidad, mientras que actualmente las grandes inversiones en IA están lideradas por empresas gigantescas como Amazon, Microsoft, Google Alphabet y Meta, que ya generan ingresos y utilidades. Para Dunn, esta diferencia reduce parte del riesgo, porque no se trata de empresas que esperan generar ganancias algún día, sino de corporaciones que ya tienen negocios consolidados.
Sin embargo, advirtió que la verdadera pregunta es si los ingresos actuales serán suficientes para respaldar las enormes inversiones que están realizando en infraestructura, chips, servidores y centros de datos. En ese punto, consideró que comienza a aparecer el riesgo de una posible burbuja financiera. Dunn explicó que la inteligencia artificial constituye una revolución tecnológica real y que la demanda relacionada con esta tecnología también es real, por lo que no considera que exista una burbuja tecnológica propiamente dicha.
El riesgo, según su análisis, aparece alrededor de esa revolución cuando las inversiones comienzan a sobredimensionarse mediante deuda, expectativas excesivas y valoraciones alejadas de los fundamentos empresariales. El economista destacó que durante 2026 las principales compañías tecnológicas podrían destinar conjuntamente alrededor de 745 mil millones de dólares, e incluso acercarse a los 800 mil millones, en chips, servidores y centros de datos.
Para dimensionar el volumen, señaló que esa inversión supera lo destinado por Estados Unidos a la misión Apolo para llegar a la Luna. Dunn remarcó que el problema no es la existencia de la tecnología ni de un mercado para ella, sino determinar si los resultados económicos serán capaces de justificar semejante magnitud de capital comprometido. La preocupación, afirmó, surge cuando las expectativas comienzan a adelantarse demasiado a los resultados.
El analista explicó que una burbuja financiera aparece cuando se rompe la relación entre la rentabilidad de una empresa y el rendimiento esperado de sus acciones. Señaló que una compañía puede generar utilidades, pero sus acciones pueden crecer mucho más rápidamente, impulsadas por expectativas futuras que todavía no están respaldadas por resultados concretos.
Como ejemplo mencionó a Meta, empresa que registra elevados ingresos, pero que también realiza inversiones extraordinariamente grandes en infraestructura y desarrollo tecnológico. Dunn explicó que, aunque la compañía mantiene una rentabilidad importante, el volumen de recursos destinados a nuevas inversiones genera interrogantes sobre la capacidad de recuperar ese capital.
En su interpretación, la diferencia entre la rentabilidad del activo y la valorización financiera es precisamente donde puede comenzar a formarse una burbuja. Comparó este fenómeno con los episodios históricos en los que los inversionistas se endeudaban para comprar acciones porque esperaban que su valor continuara aumentando. Cuando las expectativas se separan demasiado de los resultados reales, advirtió, el ajuste posterior puede ser inevitable.
Finalmente, Dunn advirtió que el riesgo puede ser todavía mayor en aquellas empresas que están recibiendo inversiones basadas en expectativas sobre lo que podría ocurrir con la inteligencia artificial dentro de cinco, seis o siete años. Utilizó la imagen de las “vacas” para explicar que algunas compañías tecnológicas actuales ya generan ingresos, pero que también existen proyectos que representan apuestas sobre tecnologías o negocios que todavía no existen plenamente y que esperan ser rentables en el futuro.
A su juicio, este segundo grupo es donde puede comenzar a desarrollarse una burbuja más peligrosa, porque los inversionistas colocan dinero hoy sobre expectativas de resultados todavía inciertos. Dunn insistió en que la inteligencia artificial es una transformación tecnológica concreta, pero señaló que eso no significa que cualquier valoración o inversión relacionada con ella esté justificada. El desafío estará en determinar cuánto de las actuales expectativas podrá convertirse realmente en ingresos y utilidades. Cuando esa distancia se amplía demasiado, sostuvo, aumenta considerablemente el riesgo financiero.
Vea la entrevista completa en: https://www.youtube.com/watch?v=fURtPEGvv7k
Por Annette Soliz Rivero