
El sismo que sacudió el oeste de Colombia y la región fronteriza este lunes por la mañana sufrió una fuerte rectificación técnica: pasó de una estimación preliminar de magnitud 6,7 a un dato consolidado oficial de 7,4.
Las agencias sismológicas explicaron que los primeros boletines automatizados emitidos inmediatamente después del temblor, fijados en 6,7 (e incluso 6,8 por algunas redes internacionales), se basaron en mediciones rápidas generadas por algoritmos automáticos. Tras la revisión científica manual y detallada de la totalidad de la energía liberada, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) y el USGS de EE. UU. recalcularon el evento como un terremoto mayor.
El movimiento telúrico se registró formalmente a las 07:34 hora local (12:34 GMT), localizando su epicentro a solo 5 kilómetros del municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y registrando una profundidad de 82 kilómetros. La confirmación del incremento en la magnitud coincide con los graves reportes de afectación estructural e infraestructura que comenzaron a llegar desde distintos puntos del país.
El paso del dato técnico a la realidad se tradujo en emergencias estructurales en varias capitales. En Manizales (Caldas), la sacudida provocó el colapso parcial de una de las torres de la Catedral Basílica Metropolitana, la estructura eclesiástica más alta del país.
En Cali (Valle del Cauca), el alcalde Alejandro Eder reportó el agrietamiento y colapso parcial de más de una veintena de fachadas y edificaciones antiguas en el centro urbano. Por su parte, en Pereira (Risaralda), el Aeropuerto Internacional Matecaña suspendió la totalidad de sus operaciones aéreas comerciales tras registrarse el desprendimiento masivo de sus techos falsos en los pasillos de flujo de pasajeros. En la zona del epicentro, la gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba, confirmó múltiples heridos en Quibdó y personas inicialmente atrapadas por derrumbes de muros.
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella —quien asumió el cargo el pasado viernes 7 de agosto— ordenó la conformación inmediata de un Puesto de Mando Unificado (PMU) y emprendió viaje a Pereira para supervisar en terreno la atención médica y civil. Los centros internacionales de monitoreo ratificaron que no existe ninguna alerta de tsunami para las costas del Pacífico sudamericano.
El movimiento fue sentido también con fuerza en ciudades como Manizales, a 300 kilómetros de Bogotá. El sismo de magnitud 7.4 también se sintió ligeramente en la capital de Panamá, donde algunos edificios fueron evacuados y se detuvo por momentos la operación del Metro, y un poco más fuerte en zonas en la frontera sur con Colombia, sin que se informaran daños o heridos.
En Ecuador fue sentido en ciudades como Tulcán (fronteriza con Colombia), Ibarra y Quito, la capital, en las que algunas personas salieron apresuradamente de edificios altos durante un feriado nacional. No se reportaron daños o víctimas.
Se reportaron grietas en edificios de Medellín y Cali, la segunda y tercera ciudad más grandes de Colombia. El alcalde de Medellín informó que, inicialmente, no se registraron heridos en esa ciudad.
Alejandro Eder, alcalde de Cali, reportó 19 estructuras colapsadas con personas atrapadas, por lo que pidió apoyo con rescatistas. Cali se encuentra en el departamento de Valle del Cauca, en el suroeste del país.
El sismo magnitud 7.4 también sacudió edificios en Bogotá, provocando que algunos residentes salieran a las calles en pijama. No hubo informes inmediatos de daños, según la alcaldesa de la capital.
El terremoto se produce menos de dos meses después de que dos sismos consecutivos azotaran Venezuela en junio. La cifra oficial de fallecidos en aquel desastre superó los 6 mil, situándolo entre los más mortíferos registrados en América Latina en los últimos años.
Con datos de EFE, AP, EL FINANCIERO,