
El estadio Hernando Siles erigió una fama de fortín temible para cualquier onceno. Allí cae un mar de lágrimas. Una vez pisado el rectángulo, son engullidos tanto los equipos campeones coronados como los modestos. Este recinto, en 96 años de historia, ha puesto en su sitio a aquellos que han dudado de su poder y ha recompensado con gloria a los más valientes.
El llamado coloso de Miraflores abrió sus puertas el 16 de enero de 1930. Ese día, la ciudad de La Paz se detuvo con su millar de habitantes para presenciar una obra insignia que llevaba el nombre del presidente en vida Hernando Siles Reyes y con una capacidad para 25 mil espectadores. Además de un campo de tierra que se mantuvo hasta 1940.

El estadio marcó el inicio de una nueva era deportiva y de un espacio cargado de símbolos. El arquitecto Emilio Villanueva logró armonizar el fútbol con la cosmovisión andina al instalar el templete subterráneo tihuanacota, que aún respira bajo sus gradas, hoy en un espacio remodelado.
De aquella época permanece el grabado en la puerta del maratón, bajo la curva sur, por donde ingresaron los atletas en los Juegos Bolivarianos de 1977. Pero el emblema mayor es el Monolito de la plazuela, un guardián que, como árbitro eterno, da la bienvenida a los visitantes.

El primer partido en el coloso de Miraflores fue The Strongest y Universitario de La Paz, quienes arrastraban una rivalidad de los años 20. Ese día, el presidente y padrino Siles Reyes, celebró con la gente, pero extraño es el fútbol y extraña es la vida; en mayo de ese año, él renunció a su cargo, viéndose acorralado por militares y civiles frente a su intento de una reelección. Así, el coloso de Miraflores se convirtió desde su origen en escenario de gloria y caída, donde nadie está a salvo.

En 1934, Bolívar y The Strongest trasladaron sus diferencias filosóficas de fútbol al Hernando Siles, sellando un empate (2-2) que abrió un surco interminable y consolidó el clásico más antiguo del país. Desde entonces, sus hinchas peregrinan para morir o renacer en los minutos de adición. Porque en este estadio no solo se juega al fútbol: aquí se mide la valentía de los hombres.
El mayor vínculo futbolero con el Siles nació en febrero de 1950, cuando la Selección Nacional —con camiseta blanca y pantalón corto negro— venció a Chile en un amistoso, gracias a los goles de Mario Mena y Leonardo Ferrel. Siete años más tarde, estos rivales volverían a encontrarse oficialmente en las clasificatorias mundialistas rumbo a Suecia 1958, en el mismo escenario, con triunfo boliviano gracias a Ausberto García y un doblete de Máximo Alcócer.
Así el Hernando Siles fue ganando renombre y multiplicando sus partidos internacionales. Bolivia ya estaba en el mapa de la Conmebol desde 1960, cuando Wilstermann ofició de local en la naciente Copa Libertadores y empató con Peñarol en La Paz.
Volviendo a la Selección Nacional, el título del Sudamericano de 1963 germinó en el Hernando Siles: allí el anfitrión boliviano empató 4-4 con Ecuador; venció 3-2 a Perú; y 3-2 a Argentina, antes de viajar a Cochabamba para derrotar 5-4 a Brasil y alzar el trofeo. Desde entonces, el vínculo legendario deportivo con los del “jogo bonito” aún se respira en sus gradas.
REMODELACIÓN
El Siles desde 1930 fue espacio de emociones desbordantes y pálpitos de hinchas, pero quedaba pequeño frente al estándar internacional: era momento de ampliarlo. Las obras comenzaron en 1975, bajo el régimen dictatorial del coronel Hugo Banzer Suárez, con la mirada puesta en los Juegos Bolivarianos de 1977. Sobre las bandejas bajas se levantaron nuevas tribunas, duplicando la capacidad del coloso. En el plano futbolístico, Bolivia y Perú inauguraron la remodelación con un empate 0-0 en la nueva infraestructura.
La verdadera prueba de la remodelación llegó el 30 de noviembre de 1977, cuando Hungría visitó la sede de Gobierno para enfrentar al anfitrión boliviano en las clasificatorias rumbo al Mundial de Argentina 1978. Nadie quiso quedar indiferente. El Hernando Siles soportó a 55 mil espectadores en sus tribunas. Aunque al final los húngaros se impusieron 3-2, el coloso demostró su capacidad de albergar grandes emociones.
TÍTULOS Y FINALES
Tres finales internacionales se jugaron en el Hernando Siles.
En abril de 1970, Mariscal Santa Cruz superó a El Nacional (Ecuador) por 2-0, en el partido de vuelta, quedándose con la corona de la Recopa Sudamericana. De este título poco se habla, pues su historia se perdió en el laberinto del tiempo.

Agosto de 1997, Bolivia frente a Brasil, con la Copa América en juego. Ese domingo por la noche, la Verde batalló hasta el último minuto, pero el poder brasileño se impuso 3-1. Aquella derrota no solo apagó el sueño continental: marcó el final de una era, el cierre del ciclo de la generación que llevó a Bolivia al Mundial.
La tercera final llegó con la ilusión de Bolívar, que en la Sudamericana 2004 venció 1-0 a Boca en La Paz con gol de Horacio Chiorazzo. En la vuelta, los xeneizes ganaron 2-0 y apagaron el sueño celeste.
El Siles Invicto
Brasil llegó como favorito el 25 de julio de 1993, con una racha de 40 años sin derrotas en eliminatorias. Pero en el Coloso de Miraflores salió vencido 2-0, con goles de Marco Etcheverry y Guillermo Peña, en un triunfo que abrió el camino hacia la clasificación a USA 1994.
Ese juego tuvo como comentarista a Pelé (+), O Rei quedó iracundo tras esa dura derrota, mostrándose distinto a su primera visita al Siles, cuando era jugador del Santos FC aquel 18 de febrero de 1962, cuando venció Municipal (4-3), en el debut de los albos en la Libertadores, y sacándose fotos sobre el césped. Ese día, el campeón del mundo cayó en La Paz.

Leyendas argentinas en el Hernando Siles
Los tres mejores del fútbol argentino estuvieron en el Siles. Primero, Alfredo Di Stefano, en su faceta de entrenador, al mando de un combinado español, jugando contra Bolivia un amistoso en 1981.
Luego, la leyenda del fútbol argentino Diego Maradona (+) visitó tres veces este escenario: en 1980, como jugador de Argentinos Juniors, ganó un amistoso contra Bolívar (3-1) y se llevó de recuerdo un gorro andino; y en 2007 volvió a calzarse los botines para disputar un partido en solidaridad con la causa boliviana de defender el fútbol en la altura.
En su tercera llegada no hubo sonrisas ni abrazos, solo humillación. El 1 de abril de 2008 la élite albiceleste pisó el césped del Siles, que ardía bajo sus pies, y el mundo quedó boquiabierto ante el triunfo de Bolivia por 6-1. Maradona, ahora entrenador, se tragaba su discurso de defensor de la altura pronunciado en 2007. Mientras, Messi tras esa dolorosa derrota, aparecía en el campo, pequeño y vulnerable. Años después, la Pulga volvió a Miraflores y se llevó la victoria, pero sin lograr un gol en el invicto Siles.
CENTENARIO
A cuatro años de cumplir el centenario y viendo las entrañas de la infraestructura, urge una nueva remodelación como en los años 70. Ahora, como en ese entonces, La Paz está frente a una postulación a los Juegos Bolivarianos 2029. El coloso necesita recobrar fuerza para engullir a nuevos rivales.
Por Max Rodolfo Vino Arcaya